I.
Desde que pude amar adiviné
Que Dios iba a crearte para mí;
Desde que ser me dio, por donde fui,
Seguro de encontrarte te busqué.
Antes de ver tu faz, cuando te hallé,
Mi alma sintió que estaba junto a ti:
Te amé desde la hora en que te vi:
Te amo y mientras viva te amaré.
Tu ser tiene la esencia de mi ser;
Mas en mi amor no hay átomo carnal,
Y si en lugar de hacerte una mujer,
Te hiciera Dios un ser espiritual,
Sin que jamás llegaras a nacer
Te amara en el no ser mi alma inmortal.
II.
Nunca el arroyo al manantial volvió:
Nunca los peces de la mar saldrán;
Nuestras almas así: nunca podrán
Al destino faltar que Dios as dio.
¿Podrías tú dejar de amarme? No:
Pues como va el acero hacia el imán,
Una hacia otra nuestras almas van,
Y tú vienes a mí, y a ti voy yo.
Bien puede el tiempo entre los dos correr,
Bien puede hervir entre los dos el mar,
Bien puede eterna nuestra vida ser;
Mas nunca puede nuestro amor cambiar;
No; ni puedo yo amar otra mujer;
Ni más hombre que yo puedes tú amar.
III.
Si un día ¡que no vea yo jamás!
Mas quiero de ello hacer suposición,
Porque aunque hay cosas que imposibles son
Alguna vez las hace Satanás:
Si un día a otro hombre de tu cuerpo das
Por engaño o por fuerza posesión,
Pues darle no podrás tu corazón,
Sin alma y sin amor se lo darás.
De él al llevarte tu deber en pos
De mí te apartarás: yo moriré:
Mas Dios unió las almas de los dos,
Y yo tu alma a reclamarle iré:
Y, con la mía virgen, ante Dios
A que muera tu cuerpo aguardaré.
Rosa, en diciembre, el dos, fecha de abril
De Carlos otra carta recibió,
Y supo que a las Indias arribó
Tras de vencer dificultades mil.
La empresa el primer año no iba mal:
Mas Rosa al fin del año comenzó
Miedo a tener, porque a saber llegó
Que Don Juan había ido a Portugal.