Me han ido acaso a decir,
y lo he osado esperar,
que de mi boca un cantar
os dignaríais oír;
y no queriendo perder
dicha para mí tan buena,
una tosca cantilena
os he venido a traer.
Me asalta, empero, el temor
de que, al írosle a entonar,
no corresponda el cantar
a vuestro imperial favor;
y además, como mi mano
mezcló en mi lira sonora
cuerdas de la guzla mora
con las del laúd cristiano,
duda mi musa, discreta
mirando a vuestro decoro,
si os la cante el rawí moro,
o el castellano poeta.
La libre gala oriental
de mi mora poesía,
tal vez lastimar podría
vuestro decoro imperial;
tal vez en el cancionero
del cristiano trovador
os enojará el cantor
con mote rudo o severo.
Voy, pues, a hacer que a la par
os canten ambos a dos;
y dignaos tomar, Vos,
lo que os plazca del cantar.
Tomad lo galán del uno,
y del otro lo sincero;
y, si no algo bueno, espero
que hallaréis algo oportuno.
No sé, augusta Emperatriz,
si mi loca vanidad
trae a Vuestra Majestad
un pensamiento feliz;
mas, preveníroslo quiero:
tal vez en mi obra incompleta
quedará mal el poeta,
pero bien el caballero.
Allá va, pues, mi canción,
que entre hispano y musulmán,
lleva, a fuer de introducción,
este preludio galán.
PRELUDIO
EL POETA CRISTIANO
Si es cierto, augusta Señora,
que os place mi poesía,
eso es no más, a fe mía,
lo que desde hoy la avalora.
¡Bien hayan vuestro antojos!
Desde hoy va a pasar por bella,
tan sólo porque por ella
han pasado vuestros ojos.
EL RAWÍ ÁRABE
¡Bendiga Alah tus caprichos,
Sultana! Pues los deseas,
después de que tú los leas,
van a ser perlas mis dichos.
No van a tener valor,
que a su valor corresponda,
los diamantes de Golconda
ni los chales de Lahor.
EL CRISTIANO
En vano mi inspiración
con la edad se debilita;
que lo que el tiempo la quita,
se lo da vuestra opinión.
Desde hoy va a correr impune,
puesto que desde hoy la abona
de vuestra imperial corona
la sombra, que la hace inmune.
EL ÁRABE
Desde hoy más, Sultana, toma
mi pluma en tus labios tinta,
y luz, en la que el sol pinta
en tus ojos de paloma.
Mi canción va a ser, en suma,
más que las esencias grata,
pues tu gusto la aquilata,
y tu aliento la perfuma.
EL CRISTIANO
Oíd, noble Soberana,
inmaculada azucena
de los jardines del Sena
y de sus lises hermana;
y si el son de mi canción
os parece hosco y bravío,
pensad bien que el canto mío
es la voz del corazón.
EL ÁRABE
Nobilísima Sultana,
hija de los lirios blancos
del pabellón de los francos,
de sus águilas hermana;
oye mi árabe canción,
y ¡haga Alah que el canto mío,
como aura fresca de río,
refresque tu corazón!