Tal, Señora, es la pobre canción que os traje,
y si os extrañan de ella ritmo y lenguaje,
del poeta y su canto pensad que ignoro
si es himno o ramillete, cristiano o moro;
pero de ambos, Señora, con elementos,
os tejí esta corona de pensamientos,
que por mis manos
envían a las vuestras los mejicanos.
Esta noche, aunque en Méjico soy extranjero,
del arte mejicano soy mensajero.
En mi misión tan alta Méjico fía,
porque sabe lo noble del alma mía;
por él, pues, a ofreceros vengo en persona
de versos y de flores una corona,
que por mis manos
envían a las vuestras los mejicanos.
Si os parece extremada galantería,
recordad de do viene mi poesía.
En mi patria, que es tierra de gentileza,
ser galán con las damas prueba nobleza.
Lo galán perdonadme: Vos sois, Señora,
como el sol, que, donde entra, todo lo dora.
Mi poesía
es oro por ser vuestra, no por ser mía.
Como algo en los poetas hay de hechiceros,
no extrañéis que un encanto pretenda haceros.
Con el poder del arte, que aquí me abona,
voy, Señora, a tejeros vuestra corona.
Vosotros que de mi arte sois elementos,
enlazad en corona mis pensamientos;
en vuestras manos
me envían a ponerla los mejicanos.