CONCLUSIÓN. –Mi papel escribo en verso,
lo primero, porque es mi gran manía
dar a todo un barniz de poesía;
lo segundo, porque hoy al universo
va contagiando la locura mía,
y hoy usan ya del verso los primores
hasta las lavanderas y aguadores;
lo tercero, porque es, por su armonía,
más fácil de grabarse en la memoria
el verso; y una zumba en verso dada
tiene mucha más gracia, que se aumenta
repetida, y tal vez pica en historia;
y a aquel a quien la zumba va aplicada,
¡Jesús!, le hace reír que es una gloria,
y hasta de pura risa le revienta.
Así, quien en mi fama la tijera,
con intención dañina, meter quiera,
yo mismo se lo advierto y no le engaño:
corte en verso, y que sea de manera
que tenga gracia, porque me haga daño.
Una cuarta razón hay todavía
para emplear aquí la poesía,
y es: que de nuestra historia en los registros
consta que los poetas son ministros
y generales ya y embajadores;
y aunque yo creo, en mi razón raquítica,
que cuando los poetas ponen mano
en la fe y la política, es que es llano
que, no teniendo ya remedio humano,
se hunden la religión y la política,
yo no está bien que tal verdad exponga,
ni, de su cofradía siendo hermano,
de los poetas al favor me oponga.
Pues los que cuerdos son, si bien me fundo,
tienen empeño en estropear el mundo,
no tengo de ser yo quien le componga.