He aquí, pues, el prospecto de mi obra,
que un totum revolutum en sí encierra;
más bien cajón de sastre que volumen,
que mi editor en publicar se emperra,
que en mi opinión me paga muy de sobra,
y del cual sacaremos, en resumen,
que yo estoy loco, y que quien no me crea,
será de mi opinión cuando me lea.
Ni atención pido, ni favor invoco;
no puede ser un hombre más solícito
en decir la verdad, ni más explícito:
MI EDITOR ESTÁ IDO Y YO ESTOY LOCO.