Todos los que han tenido pretensiones
de tildar los defectos o los vicios
de creencias, costumbres u opiniones
del siglo y sociedad en que vivían,
lo han hecho haciendo al mundo concesiones;
y de sus convicciones, sacrificios
han hecho a algo, de lo cual tenían
recelo o esperaban beneficios;
más claro: han inmolado sus conciencias
a ese fantasma que se llama humanos
respetos y sociales conveniencias;
poner osando nada más las manos
en detalles aislados, en abusos,
ridiculeces de costumbres y usos
de débiles, de pobres y villanos.
Tildaron pequeñeces y patrañas;
pero apenas han dicho alguna frase
que fuera a herir al vicio en sus entrañas,
que llegara a su origen y a su base;
y hasta el de más valor, que fué Quevedo,
ha escrito tal vez sin fe o con miedo.
Yo, en mi razón lunática y raquítica,
comprendo de más alto y noble modo
la misión de la sátira y la crítica,
y en mi fe y libertad no me acomodo
a aspirar esa atmósfera mefítica
que de la envidia vil exhala el lodo.
Ensañarse en los débiles y bajos,
atacar las personas, y no el vicio,
es hacer profesión de escarabajos,
y no es mi instinto ni será mi oficio;
mi corazón, exento de perfidia,
no tiene vanidad, rencor ni envidia.
Yo la firme verdad tengo por norma
de mis juicios de loco; yo no acuso
a los pueblos que de ella hacen mal uso;
sino, atento a la esencia y no a la forma,
al que en viciosa institución la puso,
al que dió por verdad una mentira,
al que una infamia como ley impuso,
a aquel por quien cual ley y verdad mira
la mentira y la infamia el pueblo iluso.
Y esa verdad que la razón invade
por su propio poder, que nunca cede
a consideraciones de grandeza
mundana, y que la crítica no evade;
esa verdad, que es libre, y que haber puede
quien la esconda, mas no quien la degrade,
es, con educación y con nobleza,
la que voy yo a decir cuando me agrade;
no esa verdad impúdica, que ofende
con su descaro y desnudez, que sale
de una pluma que envidia o que se vende;
que no enmendar, sino insultar, pretende,
y que a una injuria estúpida equivale.
Mi verdad, ya de veras, ya de chanza,
dicha será sin personal desdoro,
con entereza sí, mas con decoro;
pues no excluye verdad buena crianza.