Yo no tengo, lector, ningún motivo,
ningún objeto, ni intención alguna,
para darte a leer lo que aquí escribo.
Nada espero, ni nada me propongo
con ello: ni renombre, ni fortuna
adquirir, ni importancia, ni dinero,
ni favor; nada busco y nada esquivo,
aunque no soy Quijote pendenciero.
Nada soy, nada fuí, ni he de ser nada
jamás; no tengo ni hijo, ni heredero,
la hacienda a quien dejar por mí amasada,
ni una higa se me da del mundo entero;
y de mi vida al fin de la jornada,
me basta para tumba un ahujero.
Y aunque no pegue aquí, lo advierto de paso:
ese ahujero que mi polvo encierre,
gratis me lo ha de dar, llegado el caso,
la católica Iglesia que me entierre;
porque, para mi entierro de poeta,
no tengo de dejar ni una peseta.
Yo pagaré aranceles mientras viva:
justos o no, es forzoso que los trague;
pero ¿después de muerto? –No; que pague
por mí la sociedad caritativa,
a cuenta de los cuentos que la dejo,
que la tierra con él de balde abone,
o que haga un tamboril de mi pellejo;
porque, después que mi alma le abandone,
no le estimo yo en más que al de un conejo.
Y tras este paréntesis o aparte,
no dudo en esperar, lector, que creas
que es buena la razón que voy a darte
de por qué a escribir voy; y que esta parte
es el lugar mejor de que la leas.
Voy, pues, a revelarte francamente
la verdad; y, lector, me importa poco
lo que de tal verdad piense la gente:
YO ME DOY A ESCRIBIR, PORQUE ESTOY LOCO.
Otros escriben, porque aspiran a algo;
otros, porque son tontos y se precian
en más de lo que son; yo no me salgo
del lugar inferior a que mi ingenio
llega; y aunque conozco más de cuatro
que atrevidos, del mundo en el teatro
avanzan, con orgullo, hasta el proscenio,
que al mundo entero al avanzar desprecian,
que se creen dignos del laurel del genio,
y que su ciencia creen de Apolo Pitio,
yo me quedo en el patio, que es mi sitio;
tal vez no tanto por modestia mía,
pues que de ella no está mi alma tan llena,
cuanto porque me gusta a mí en escena
del tonto ver la vanidad vacía.
Mas yo nací hablador, y soy fanático
por ensuciar papel: no es que presuma
de sabio, de doctor, ni catedrático;
yo no soy más que un loco, soy lunático;
es un defecto natural; y en suma,
sin darla de orador ni de retórico,
cuando ya mi cerebro está pletórico,
reviento por la lengua y por la pluma.