Vuélvese sombra oscura el claro cielo,
eclipsa el limpio sol sus resplandores,
viste la luna pálidos horrores,
rásgase todo del santuario el velo.
El líquido raudal se torna en hielo,
mustias fallecen del jardín las flores,
medrosos callan cisnes, ruiseñores,
monstruos arroja de su centro el suelo.
El aire pavoroso da bramidos,
en sus quicios la tierra se estremece,
el mar sediento los peñascos sorbe.
Rómpense escollos, fieras dan rugidos;
¡qué confusión! ¡qué horror! O Dios padece,
o se acaba la máquina del orbe.