Está acabando el día de dolores inmensos ;
Día del sacrificio de incomparable amor ;
Y por la triste calle, que viene del Calvario,
Camina silenciosa la Madre del Señor.
A lo lejos la siguen las piadosas mujeres,
En cuyas frentes pálidas revélase el dolor;
Y el discípulo amado, que en su mente recorre
Las terribles escenas de la Santa Pasión.
María se adelanta envuelta de su manto
En los profusos pliegues, que dejan sólo ver
Un rostro, en que se pintan la pena y el quebranto ;
Un rostro, el más hermoso que el mundo pudo ver.
Sí, es María, que sigue despacio, silenciosa
Sus ojos están fijos del cielo en el azul;
Sus lágrimas la vuelven más bella, más hermosa,
Y extasiada repite el nombre de Jesús.
Bajo su obscuro manto oculta la corona
Que quitó de la frente del Hijo de su amor ;
La mira, y traspasada, la oprime contra el pecho,
Y se escucha un gemido de hondísimo dolor.
Después, allá en su mente recuerda las palabras,
Que en día más dichoso dijo al ángel de Dios;
Y juntando sus manos, humilde y resignada,
Eepite: "Soy la sierva, la esclava del Señor."