Al ver Pilato que la humilde frente
Jesús apenas sobre el pecho inclina,
Cuando tiembla la tierra, el sol declina
Sin luz, y corre de pavor la gente;
Sospecha que con sangre delincuente
Tambien se ha derramado en la colina
Sangre del Dios, que en su furor camina
Entre uno y otro candelabro ardiente.
Torna á Jerusalem de angustia lleno,
Y ni una voz que salvador le aclame
Oye el tirano, siervo de tiranos.
Una, sí, sin cesar grita en el seno
Al cómplice y no juez del pueblo infame:
"Lava ¡infeliz! con lágrimas tus manos"