II
; Cuánto ha cambiado en el hogar la escena !
La dura pena tu salud ajó,
Y el antes grato y venturoso día,
Más que alegría,
Inspira ya recuerdos de dolor !
Cerca del lecho do sufriendo estabas,
Tú me escuchabas llena de emoción :
Yo leía la historia de una aldeanq
Napolitana
Que hacía vibrar mi amante corazón.
Su madre estaba enferma : una corona
Á la Madona, tierna le ofreció
Por ti á la Virgen yo con ella oraba ;
También lloraba
Y la voz en mi pecho se apagó.
Hoy á la tierna niña recordaba,
Y le ofrendaba, en medio mi dolor,
No una corona de lucientes rosas
Frescas y hermosas,
¡ Lágrimas sólo de entusiasta amor !