No me comprendo: la anhelante vista
Por todas partes mi inquietud diiige,
Sin hallar un objeto que la fije,
Ni contento al ardiente corazón.
En vano quiero conservar la calma
En los tristes sucesos de mi vida;
El alma vuela, en alas conducida
De una engañosa y mágica ilusión.
Mi vida fué soñar: siempre creía
Hallar fácil la dicha por doquiera,
T al apurar la copa placentera,
El cáliz encontraba del dolor.
Salí de la ciudad y del bullicio;
Me dirigí hacia el campo silencioso ;
Y allí también mi corazón ansioso
Con locas esperanzas palpitó.
Dejé la sociedad, y en el retiro
Me concentré para gozar la calma ;
Pero aun allí se hallaba inquieta el alma,
Y alguna cosa á su placer falté.
En vano la amistad con lazos puros
Un solaz á mi mente le ha brindado ;
Me falta un no sé qué, ¡ bien deseado !
Y lejos de ese bien no hay paz ni luz.
Mas ¿hasta cuándo fijará mi suerte
Y cesará mi inútil ligereza?
Hasta que se hunda inmóvil mi cabeza
En el helado y fúnebre ataúd.