Así al brotar, al nacer,
Mis ilusiones murieron,
Y de mi pecho se fueron
Para nunca más volver*
Una no más en tan fatal mudanza
Por venturosa suerte conservé;
Una ilusión que forma mi esperanza
Y que me presta en mi dolor confianza;
Una ilusión en la que tengo fe.
Esa ilusión que consuela
Mis días de adversidad ;
Esa por que mi alma anhela,
Es, querida, la amistad :
Es esa feliz unión
De una alma con otra alma,
Que sin robarle la calma
Satisface al corazón.
Es esa dulce unión, que tan ardiente
No es como el fuego que encendió el amor ;
Pero más pura, sí, más permanente ;
Pura como la llama refulgente
Que arde en los altares del Señor.
A tí sólo toca, amiga,
Realizar esta brillante
Esperanza, que un instante
Todos mis males mitiga.
Sólo á tí posible es
Arrojar algunas flores
En la senda de dolores
Que van hollando mis pies.
A tí te toca consolar mis penas
Y mis ardientes lágrimas secar;
A ti te tocan, puras y serenas,
Las horas antes de tormento llenas,
Con el poder de la amistad trocar.
Aunque no espero en el mundo
Ni en ilusiones de amor,
No pienses que un mal profundo,
O un incurable dolor,
Me hayan hecho indiferente ;
Ni creas, amiga mía,
En la frialdad sombría
Que está pintada en mi frente.
Aunque se encuentra lleno de amargura,
Un idioma tendrá mi corazón,
Que responda á tu amor y á tu ternura :
Ese idioma en mi grande desventura
Me lo ha dejado Dios por compasión.