Admirable es el hombre que ha viajado
Entre ilusiones, por la clara esfera
Y en grupo las estrellas ha ordenado.
La vírgen de su amor, la espigadera
Con su dulce sonrisa alegra el cielo;
En el polo su carro reverbera;
Su águila gira en perdurable vuelo;
Su ánfora se derrama todavía
Produciendo de luz un arroyuelo,
Y en su entusiasmo no olvidó á su cría,
Pues sus gemelos juegan inocentes,
Junto al buey que á su arado ántes uncia,
Este capricho cautivó á las gentes;
Lo adopta el sabio astrónomo; el poeta
Forja con él historias diferentes,
Y se enseñó tambien como secreta
Ciencia por sacerdotes visionarios,
Que acabaron perdiendo la chaveta.
Comenzaron haciendo calendarios
Para explicar del Sol y de la Luna
Los paseos anuales y los diarios.
En cada solisticio ven la cuna
De un nuevo sol; anotan la estrellada
Imágen que recorre una por una.
Cada constelacion acompañada
De otras en el Oriente se presenta;
Y la marcha solar queda fijada.
Y el simbolismo, para darnos cuenta
De unas observaciones tan sencillas,
Un héroe y una historia nos inventa.
Ya no en el cielo, segun ellos, brillas,
Sino, oh Sol, en Alcides te conviertes,
Atacas monstruos y palacios pillas,
Y en robarte muchachas te diviertes.
¡Cuánta sublimidad la musa griega
Saca de esos estupros, de esas muertes!
Con el héroe y su clava alegre juega.
Pero en medio de tanto desvarío
Hasta olvidar la ciencia nunca llega.
Vino despues un mísero judío,
El mito á reformar, por más que ladre
La ilustracion, de ese atentado impío.
El héroe nace de una virgen madre,
Y hecho un jóven Telémaco, se lanza
En busca, por el mundo, de su padre.
San Márcos por la cola al toro alcanza;
El águila á San Juan lleva un tintero;
Y el dragon á la virgen se abalanza.
Este poema del cristiano Homero,
Mil ochocientos años desterrada
Tiene la ilustracion del mundo entero.
El judío y su turba desgraciada
Me parecen de Alcides cual un mito,
Como en vez de los héroes de la Ilíada,
Los que huyeron siguiendo á D. Benito.
1874.