Donde el teocalli tlaltelolca yace,
Humilde cruz de piedra se levanta;
Allí mi juventud sus penas canta,
Y en ver risueño el porvenir se place.
Eterno movimiento hace y deshace
Tantos horrores y belleza tanta
Donde el hombre ya tiembla, ya se espanta;
Donde el requiescat perderá su in pace.
¡Ay de mí! Desde entónces mil historias
En otros monumentos ha dejado
Escritas con mi sangre el Hado mio.
Hoy vuelvo aquí buscando mis memorias,
Y al verme solo entre la cruz y mi hado,
De mí, del hado y de la cruz me rio.
1874.