Guerra sin tregua ni descanso, guerra
A nuestros enemigos, hasta el dia
En que su raza detestable, impía
No halle ni tumba en la indignada tierra.
Lanza sobre ellos, nebulosa sierra,
Tus fieras y torrente; tu armonía
Niégales, ave de la selva umbría;
Y de sus ojos, sol, tu luz destierra.
Y si impasible y ciega la natura
Sobre todos extiende un mismo velo:
Y á todos nos prodiga su hermosura;
Anden la flor y el fruto por el suelo,
No les dejemos ni una fuente pura,
Si es posible ni estrellas en el cielo.
San Luis Potosí, 1859.