Fui con don Sancho a Uclés, y he visto rota
la flor de las leyendas castellanas;
y han chafado las armas mahometanas
la urdidumbre milanesa de mi cota.
Ni en Uclés fue tan dura mi derrota
como lo ha sido al pie de tus ventanas,
ni me arredran las lanzas africanas
como el desdén que en tus pupilas flota.
Yo he de ofrecerte de tu triunfo en prenda,
por si llego al rescate con la ofrenda,
y así en tributo acabará mi duelo,
sacarme el corazón del coselete,
pensarlo basta teñirme el guantelete
y engarzarlo a un joyel de tu mantelo.