Un sueño me parece,
Querida hermana mía,
Cuando pienso que me hallo
Por siempre ya sin ti ;
Que tu semblante bello
Radiante de alegría
Jamás verán mis ojos alzarse junto á mí.
Y mientras en el mundo
Me dejas sin consuelo,
Tú gozas en la altura
La gloria del Señor;
Por eso, hermana mía,
Gozosa de este suelo
Volastes á esas regiones* sin pena ni dolor.
! Y ahora que te encuentras
Al lado del Eterno,
Pídele que me envíe
La paz del corazón,
Porque en tu ausencia sufro
La lucha de un infierno
Que mis sentidos turba y embarga mi razón.
Jamás en mi existencia
La mano del consuelo,
Con su íntima dulzura
Calmó mi angustia cruel ;
Y siempre ha descendido
Mi cáliz desde el cielo
Por maldición colmado de repugnante hiél.
Porque hay sores que nacen
Y en su azarosa vida
La copa de amargura
Tan sólo han de apurar
Y nunca una esperanza
Ni una ilusión querida
Han visto en torno suyo su mente acariciar.
Cuan hondo es el gemido
Que lanzo en mi agonía,
Como eco misterioso
De fúnebre canción,
Para implorar del cielo
La paz del alma mía
Que vaga por el éter, cual mística oración.
Escucha clementísimo,
Mi férvida plegaria,
Tú sabes cuánto sufro,
Que soy harto infeliz
Y que en el mundo existo
Como ave solitaria
Sin ver ¡ ay ! de las flores el vivido matiz.
Tú ves que vivo triste,
Que es muy amargo el llanto
Que vierte sin consuelo
Mi pobre corazón,
Y que te pido humilde
En mi angustioso canto
Me envíes desde el cielo tu santa bendición !
J