¡ Señor ! á ti me presento
Confundida y humillada,
Y elevo en este momento
De mi ternura el acento
Hasta tu regia morada.
Ser en el mundo perdido,
Eco de un vago rumor,
Ave que llora en su nido,
Guardé en mi pecho un latido
Que hoy te lo ofrezco, Señor !
Dios de bondad y clemencia,
Dios de amor y de ternura,
Que del hombre la demencia
Hizo que apures la esencia
Del cáliz de la amargura ;
i 94 POETISAS AMERICANAS
Hijo del Padre bendito
Y de una Virgen de amor,
Creación del infinito,
Á quien el hombre maldito
Cubrió de oprobio y dolor ;
Sobre el Gólgota elevado
Como un malhechor impío
Entre ladrones clavado,
Dice tu labio sagrado :
; Perdónalos, Padre mío !
Dios de bondad y dulzura,
¿Pudo la humana flaqueza
Desconocer la ternura
Del que en una cruz apura
Tanto baldón y vileza ?
Y aunque el hombre, en su rencor,
Cebar en ti su odio quiso,
En tus angustias, Señor,
Ofreces al pecador
La gloria del Paraíso.
Tú, sobre el madero fijo,
Sufres tormento sin nombre ;
Pero en tu dolor prolijo
Exclamas : Madre, ve á tu hijo,
Designándole así al hombre.
i Jesús ! perdona al impío
Que no se inclina humillado
Ante ese grito sombrío,
Cuando dices : Padre mío,
¿ Por qué me has desamparado ?
¡ Tengo sed l doliente exclama
En su dolor infinito,
Y ese que pueblo se llama
Hiél y vinagre derrama
Sobre su labio bendito.
Tú, el enviado del cielo,
Que redimiste el pecado,
Dios de amor y de consuelo,
Murmuras en hondo duelo :
; Todo está ya consumado !
Y en tu angustia y desvario
La muerte ya presintiendo,
Se entreabre tu labio frío
Para exclamar : ; Padre mío !
En tus manos me encomiendo.
Y muere mi Dios amado,
Dios de Dios, Dios verdadero,
Por redimir del pecado
Al que vil muerte le ha dado,
En afrentoso madero.
196 POETISAS AMERICANAS
¿ Pudo el hombre en su locura
Desconocer tanto amor ?
¿ Pudo dar esa tortura
Al que, con santa dulzura,
Se ofreció su redentor ?
Dios de infinita bondad,
Protege esta raza impía
Que vive en la soledad,
Por la angustia y orfandad
En que dejaste á María.
No me niegues un consuelo
Ni una luz desde la altura ;
Protégeme en este suelo
Y mírame desde el cielo
Con piedad y con ternura.