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José Zorrilla · Modernismo

Recuerdos del tiempo viejo — 22

español

En Francia hay religión, y fe y conventos,
seminarios, colegios, catedrales,
y todos los cristianos elementos
de nuestra santa fe fundamentales:
pero todo está hecho a la francesa,
todo sujeto a reglas comerciales;
aquí todo se tasa, mide y pesa,
aquí todo se hace por empresa:
la gente para orar no se arrodilla
más que con una pierna en una silla;
no se atiende al altar ni al sacerdote;
las mujeres se plantan por delante
con mucho faralá, mucho volante,
abultado postizo y largo escote;
y los hombres detrás, misa durante,
se distraen en mirarlas el cogote;
y como nadie en equilibrio posa,
y es perpetuo el rumor y el desacato
y la desatención y el movimiento,
es el pensar en Dios difícil cosa,
mientras pasa una vieja con un plato
pidiendo en alta voz, sin miramiento,
los cuartos que la rinde cada silla
en que apoya un cristiano su rodilla.

Atraviesa después el presbiterio,
con balandrán, sobrepelliz y estola,
y sus pasos al púlpito dirige,
un pulcro capellán, de quien muy serio
un monago gentil lleva la cola.
Hace su adoración, su texto elige,
comenta el evangelio de aquel día,
y siempre encuentra medio en su homilía
de echar un par de pullas al gobierno,

que el infierno
está abierto ante el siglo refractario,
que Enrique quinto al fin subirá al trono,
que hay peregrinación a tal Santuario,
que se sale a tal hora y de tal parte,
que lleva cada pueblo su estandarte,
que el precio es un doblón por peregrino,
incluso todo gasto del camino
y además un bonito escapulario;
pero que en el doblón no entra el rosario,
porque éstos los fabrica por empresa,
de encina negra y de eucaliptus blanco,
una judía asociación inglesa
que los da a todos precios, desde un franco

Todo lo cual se anuncia aquí en la iglesia,
como puede anunciarse un electuario
o sus botes azules de magnesia,
míster Bollon, en Londres boticario.
Ilustrados ya, pues, sus feligreses
de lo que en sus negocios les importa
y a sus espirituales intereses,
con un responso en homilía corta
el cura; y ya pro domo, a lo que creo,
da, volviendo a apretar el quibis quobis,
la vieja con su plato otro paseo.
Larga el buen cura un benedico vobis,
hace la cruz, se cala el solideo,
y respondiendo el pueblo: ora pro nobis,
se acaba la función y Laus Deo…

conque, como ver puedes por la muestra,
la religión de Francia no es la nuestra.
Dios es el mismo, porque Dios es uno;
mas de adorarle el modo,
ligero asaz, y asaz inoportuno,
es en Francia francés, como lo es todo;
y a un español asombran, si no irritan,
la irreverencia con que a Dios se trata,
y el ver cómo sus preces se recitan
sobre un pie y sobre un codo,
como banda de grullas que dormitan
en el invierno al sol sobre una pata;
pasando en cuenta que se queda ayuno
de lo que en Francia se le dice a Cristo,
con una fe de bolsa que no acata
al Señor más que a medias, por lo visto,
y en un latín francés que cual ninguno
la habla gentil de Cicerón maltrata:
todo siempre fué aquí, como hoy en día,
doublé, contrefaçon, bisutería.

Nunca así a Dios se adorará en Castilla;
nuestra fe es más profunda y más sencilla.

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Expediente

Autor
José Zorrilla (1817–1893) · Wikidata Q331863
Título
Recuerdos del tiempo viejo — 22
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-recuerdos-del-tiempo-viejo-22--jose-zorrilla-5e8cd7
Cita recomendada
José Zorrilla, «Recuerdos del tiempo viejo — 22», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-recuerdos-del-tiempo-viejo-22--jose-zorrilla-5e8cd7.html

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