A ti, sofista
Insolente y acerbo, de los dioses
Enemigo, que diste a los mortales
Efímeros, su honor; ladrón del fuego,
Te manda el padre que reveles pronto
De qué nupcias hablabas, quién del solio
Ha de arrojarle. Y dílo sin enigmas
Ni ambajes, Prometeo. No me obligues
A repetir el viaje. Tus palabras
Para calmar a Jove no aprovechan.