El encuentro
-«¡Por Dios, que un bulto diviso!
»¿Quién llega?»
-«Un cristiano viejo»
-«¡Malicia o soberbia asoman
»bajo nombre tan modesto!
»Mas, si tratásteis ofensa
»so pretensión de discreto,
»tropezáis con quien responde:
»Por aquí no pasan perros.»
-«La frase es de vuestro origen,
»mal que seáis conde nuevo.»
-«¡Id atrás!»
-«¡Un Benencete
»con tizona de Toledo!
»¡Trajérais el corvo alfanje!...
»¡Bien que por la historia entiendo
»lo rindió en Torre de Elvira
»uno de vuestros abuelos.»
-«¡Insulto fue, por Dios vivo!»
-«Si es insulto, recogedlo.»
-«¿A Don Fernando de Berja?»
-«Don Lope de, Castro.»
-«¡Presto!...
»¡Poned vos mano a la espada,
»porque os mate defendiéndoos!»
Y como un tiempo se odiaron
cristianos y sarracenos,
embistieron uno a otro
con la rabia de los celos;
siendo tan breve el combate
como las formas del duelo,
tanto, que al golpe encendido
de un hierro contra otro hierro,
brilló en rápido relámpago
rayo del primer encuentro;
y oyóse: ¡Jesús, Dios mío!
y fue de mujer el eco,
y era María la Luz
que abría en aquel momento
las hojas de la ventana,
y, del farol al reflejo,
vio se chocaban dos bultos,
vio desplomarse dos cuerpos...
Caer vio en tierra dos hombres,
como caen los cuerpos muertos.