El sexto es tan valiente como sabio;
El augur Anfiarao, que se coloca
En la Homoloide puerta, interpelando
Con acerbas palabras a Tideo,
Turbador de los pueblos, homicida,
Causa y maestro de los males de Argos,
Evocador de furias, y ministro
De mal consejo a Adrasto. Y a tu hermano,
Desdichado Polínice, en dos partes
Su cizañero nombre dividiendo,
Iracundo lanzó tales palabras:
«Por cierto te será de mucha gloria,
Y ante los Inmortales muy acepto,
El destruir con peregrina hueste
Patria ciudad e indígenas deidades.
¿Cómo tu patria en guerra domeñada
Te ha de ser nunca voluntaria sierva?
¿Quién de tu madre atajará las voces
Que acusadora contra ti levante?
Fiel agorero de mi propia suerte,
El suelo hostil fecundaré con sangre.
Lidiemos, que gloriosa muerte espero.»
Así diciendo, sacudió el escudo,
Que es blanco, sin emblema ni divisa.
Más quiere bueno ser que parecerlo;
Y de su alma en el profundo surco,
Frutos recoge de prudencia mucha
Y buen consejo. Oponle un adversario
Tan sabio como él. Que es muy temible
El justo que a los númenes venera.