Salió a Eteocles la tercera suerte
Del fondo de la cóncava celada.
Va a la puerta de Neita con sus hombres.
Él rige ferocísimos bridones,
Que anhelosos de lid tascan el freno;
Resuena en modo bárbaro el bocado,
Del soplo henchido, que animoso humea
Por la abierta nariz. El ancho escudo,
No de vulgar manera blasonado,
Muestra un varón de poderosas armas,
Que el pie en la escala afirma, y a la torre
Del enemigo asciende, y esta letra:
«Ni Marte de los muros me arrojara.»
Opónme a este varón otro más fuerte,
Que de Tebas aparte el servil yugo.