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José Zorrilla · Modernismo

Lectura del cuento de las flores — II

español

SERENATA
Para huir de mi huerto, tus hojas, Rosa,
se te tornaron alas de mariposa:
pero yo que las alas del amor tengo,
por tu rastro en el aire tras de ti vengo;
y perderle no puedo, pues cuando subes
por el éter te aplauden astros y nubes.
Abre, pues, tus balcones a mis cantares,
y a mi alma de tus ojos los luminares.

¡Sal, mi lucero,
para que yo te diga cuánto te quiero!

Tras tu huella me guía cuando te alejas
la estela luminosa que tras ti dejas;
en vano estar oculta de mí pretendes:
por el olor que exhalas doquier te vendes:
y a ti, aunque no perciba tu luz ni esencia,
como a la mar el río, va mi existencia,
para que yo te siga jamás me cierra
paso a través ni viento, ni mar ni tierra.

¡Sal, que te llamo
para decirte a solas cuánto te amo!

Tu presencia es la vida que me sostiene:
tu vista el alimento que me mantiene:
son tus ojos espejos donde me miro
y tu aliento es el aire con que respiro;
son tus recuerdos dulces, ¡oh dulce dueño!,
pabellón cuya sombra me guarda el sueño.
Rompe el tuyo al instante, si estás dormida;
sal a dar con tus ojos luz a mi vida;

¡sal, mi tesoro,
para que yo te diga cuánto te adoro!

Yo no cuento por horas de mi existencia
las que de ti privado paso en tu ausencia.
Mi corazón abiertos en el espacio
de mi pecho te tiene templo y palacio;
en su palacio vives de mí señora,
e idólatra en su templo mi alma te adora.
Perfumero de eterno vital perfume,
faro que en mi alma nunca su luz consume,

¡sal, vida mía,
a que su ídolo adore mi idolatría!

De tu boca, más fresca que aura de río,
cae la sonrisa en mi alma como un rocío;
tu voz es a mi oído música grata
cual de arpa que en la sombra su son dilata;
tus palabras del cielo son armonía,
los besos de tu boca miel y ambrosía.
A tu balcón un punto sal, mi embeleso,
y en el aura nocturna mándame un beso.

¡Sal, dueño mío;
sentirás que yo en otro mi alma te envío!

Mas entre las mil lenguas del mundo entero,
no hay una que te exprese cuánto te quiero;
en vano a cuantos genios me asisten llamo
a que por mí te expliquen cuánto te amo.
¡Ay!, tu amor me rebosa por cada poro,
y a tus pies en silencio caigo y te adoro.
Dame un átomo ardiente del amor tuyo,
tendré luz en mí mismo como el cocuyo.

¡Sal, te lo ruego,
para que abrase tu alma mi amor de fuego!

DESPEDIDA

Pero no, ya no salgas, estrella mía,
porque ya en el oriente despunta el día:
no salgas, porque el doble sol de tus ojos
a la luz de el del cielo va a dar enojos.
¡Adiós, sol de las flores, rosa sultana;
rosal de mis amores, hasta mañana!

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Autor
José Zorrilla (1817–1893) · Wikidata Q331863
Título
Lectura del cuento de las flores — II
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-lectura-del-cuento-de-las-flores-ii--jose-zorrilla-9bc683
Cita recomendada
José Zorrilla, «Lectura del cuento de las flores — II», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-lectura-del-cuento-de-las-flores-ii--jose-zorrilla-9bc683.html

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