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Pedro Calderón de la Barca · Barroco

La vida es sueño — III

español

JORNADA TERCERA

Unos suben, otros bajan, unos se desmayan viendo

La sangre que llevan otros; mas yo, la verdad diciendo,

De no comer me desmayo; que en una prisión me veo,

Donde ya todos los dias en el filósofo leo

Nicomédes, y las noches en el concilio Niceno.

Si llaman santo al callar, como en calendario nuevo,

San secreto es para mí, pues le ayuno y no le huelgo;

Aunque está bien merecido el castigo que padezco,

Pues callé, siendo criado, que es el mayor sacrilegio.

(Ruido de cajas y clarines, y voces dentro.)

ESCENA II

Le dijimos que á tí solo por príncipe conocemos,

No al de Moscovia.

CLAR. ¿A mi padre le perdisteis el respeto y

Sois unos tales por cuales.

SOLDADO 1° Fué lealtad de nuestro pecho.

CLAR. Si fué lealtad, yo os perdono.

SOLDADO 2° Sal á restaurar tu imperio.

¡Viva Segismundo!

TODOS. ¡Viva!

CLAR. (Ap.) ¿Segismundo dicen? Bueno:

Segismundos llaman todos los príncipes contrahechos.

ESCENA III

SEGIS. ¿Otra vez (¡Qué es esto, cielos!)

Queréis que sueñe grandezas, que ha de deshacer el tiempo?

¿Otra vez queréis que vea entre sombras y bosquejos

La majestad y la pompa desvanecida del viento?

¿Otra vez queréis que toque el desengaño, ó el riesgo,

A que el humano poder nace humilde y vive atento?

Pues no ha de ser, no ha de ser, mirarme otra vez sujeto

A mi fortuna; y pues sé que toda esta vida es sueño:

Idos, sombras, que fingís hoy á mis sentidos muertos

Cuerpo y voz, siendo verdad que ni tenéis voz ni cuerpo;

Que no quiero majestades fingidas, pompas no quiero

Fantásticas, ilusiones que, al soplo menos ligero

Del aura, han de deshacerse, bien como el florido almendro.

Que por madrugar sus flores, sin aviso y sin consejo,

Al primer soplo se apagan, marchitando y desluciendo

De sus rosados capillos belleza, luz y ornamento,

Ya os conozco, ya os conozco, y sé que os pasa lo mesmo

Con cualquiera que se duerme: Para mí no hay fingimien-

tos,

Que, desengañado ya, sé bien que la vida es sueño.

SOLDADO 2° Si piensas que te engañamos, vuelve á esos

montes soberbios

Los ojos, para que veas la gente que aguarda en ellos

Para obedecerte.

SEGIS. Ya otra vez vi aquesto mesmo,

Tan clara y distintamente como ahora lo estoy viendo;

Y fué sueño.

SOLDADO 2° Cosas grandes siempre, gran señor, trajeron

Anuncios; y esto sería; si lo soñaste primero.

SEGIS. Dices bien, anuncio fué; y caso que fuese cierto,

Pues que la vida es tan corta, soñemos, alma, soñemos

Otra vez; pero ha de ser con atención y consejo

De que hemos de dispertar deste gusto al mejor tiempo;

Que, llevándolo sabido, será el desengaño menos.

Que es hacer burla del daño adelantarle el consejo.

Y con esta prevención de que cuando fuese cierto.

Es todo el poder prestado, y ha de volverse á su dueño,

Atrevámonos á todo. — Vasallos, yo os agradezco

La lealtad; en mí lleváis quien os libre osado y diestro

De extranjera esclavitud. Tocad al arma, que presto

Veréis mi inmenso valor. Contra mi padre pretendo

Tomar armas, y sacar verdaderos á los cielos.

Puesto he de verle á mis plantas ... (Ap. Mas, si antes desto

despierto,

¿No será bien no decirlo, supuesto que no he de hacerlo?)

TODOS. ¡Viva Segismundo, viva!

ESCENA IV

Salón del Palacio Real.

Que de uno en otro bando se dilata

Por las calles y plazas dividido,

Verás tu reino en ondas de escarlata

Nadar, entre la púrpura teñido

De su sangre, que ya con triste modo,

Todo es desdichas y tragedias todo.

Tanta es la ruina de tu imperio, tanta

La fuerza del rigor duro, sangriento.

Que visto admira, y escuchado espanta.

El sol se turba, y se embaraza el viento;

Cada piedra un pirámide levanta,

Y cada flor construye un monumento,

Cada edificio es un sepulcro altivo.

Cada soldado un esqueleto vivo.

ESCENA VII

Da voces, óyeme á mí,

Que yo sé que todo es guerra.

Bien sabes que yo llegué

Pobre, humilde y desdichada

A Polonia, y amparada

De tu valor, en tí hallé

Piedad. Mandásteme (¡Ay cielos!)

Que disfrazada viviese

En Palacio, y pretendiese.

Disimulando mis celos.

Guardarme de Astolfo. En fin,

El me vio, y tanto atrepella

Mi honor, que viendome, á Estrella

De noche habla en un jardín:

Deste la llave he tomado,

Y te podré dar lugar

De que en él puedas entrar

A dar fin á mi cuidado.

Así altivo, osado y fuerte,

Volver por mi honor podrás.

Pues que ya resuelto estás

A vengarme con su muerte.

CLOT. Verdad es que me incliné.

Desde el punto que te vi,

A hacer, Rosaura, por tí

(Testigo tu llanto fué)

Cuanto mi vida pudiese.

Lo primero que intenté.

Quitarte aquel traje fué;

Porque, si acaso, te viese

Astolfo en tu propio traje.

Sin juzgar á liviandad

La loca temeridad

Que hace del honor ultraje.

En este tiempo trazaba

Cómo cobrar se pudiese

Tu honor perdido, aunque fuese

(Tanto tu honor me arrastraba)

Dando muerte á Astolfo. ¡Mira

Qué caduco desvarío!

Si bien, no siendo Rey mió,

Ni me asombra ni me admira.

Darle pensé muerte, cuando

Segismundo pretendió

Dármela á mí, y él llegó.

Su peligro atropellando,

A hacer en defensa mia

Muestras de su voluntad.

Que fueron temeridad,

Pasando de valentía.

¿Pues cómo yo ahora (advierte),

Teniendo alma agradecida,

A quien me ha dado la vida

Le tengo de dar la muerte?

Y así, entre los dos partido

El efecto y el cuidado.

Viendo que á tí te la he dado,

Y que del la he recibido,

No sé á qué parte acudir.

No sé á qué parte ayudar:

Si á tí me obligué con dar,

Del lo estoy con recibir;

Y así, en la acción que se ofrece,

Nada á mi amor satisface;

Porque soy persona que hace,

Y persona que padece.

ROS. No tengo que prevenir

Que en un varón singular,

Cuanto es noble acción el dar,

Es bajeza el recibir.

Y este principio asentado.

No has de estarle agradecido.

Supuesto que si él ha sido

El que la vida te ha dado,

Y tú á mí, evidente cosa

Es, que él forzó tu nobleza

A que hiciese una bajeza,

Y yo una acción generosa.

Luego estás del ofendido,

Luego estás de mí obligado,

Supuesto que á mí me has dado

Lo que del has recibido;

Y así debes acudir

A mi honor en riesgo tanto,

Pues yo le prefiero, cuanto

Va de dar á recibir

CLOT. Aunque la nobleza vive

De la parte del que dá.

El agradecerla está

De parte del que recibe.

Y pues ya dar he sabido,

Ya tengo, con nombre honroso

El nombre de generoso:

Déjame el de agradecido;

Pues le puedo conseguir

Siendo agradecido, cuanto

Liberal, pues honra tanto

El dar como el recibir.

ROS. De tí recibí la vida,

Y tú mismo me dijiste.

Cuando la vida me diste.

Que la que estaba ofendida

No era vida: luego yo

Nada de tí he recibido;

Pues vida no-vida ha sido

La que tu mano me dio.

Y si debes ser primero

Liberal que agradecido

(Como de tí mismo he oido).

Que me des la vida espero,

Que no me la has dado; y pues

El dar engrandece más,

Si antes liberal, serás

Agradecido después.

CLOT. Vencido de tu argumento,

Antes liberal seré.

Yo, Rosaura, te daré

Mi hacienda, y en un convento

Vive; que está bien pensado

El medio que solicito;

Pues huyendo de un delito

Te recoges á un sagrado:

Que cuando desdichas siente

El reino, tan dividido.

Habiendo noble nacido.

No he de ser quien las aumente.

Con el remedio elegido

Soy con el reino leal.

Soy contigo liberal.

Con Astolfo agradecido;

Y así escoge el que te cuadre.

Quedándose entre los dos;

Que no hiciera ¡vive Dios!

Más cuando fuera tu padre.

ROS. Cuando tú mi padre fueras.

Sufriera esa injuria yo:

Pero no siéndolo, no.

CLOT. ¿Pues qué es lo que hacer esperas?

ROS. Matar al Duque.

CLOT. ¿Una dama.

Que padre no ha conocido,

Tanto valor ha tenido?

ROS. Sí.

CLOT. ¿Quién te alienta?

ROS. Mi fama.

CLOT. Mira que á Astolfo has de ver ...

ROS. Todo mi honor lo atropella.

CLOT. Tu Rey, y esposo de Estrella.

ROS. ¡Vive Dios, que no ha de ser!

CLOT. Es locura.

ROS. Ya lo veo.

CLOT. Pues véncela.

ROS. No podré.

CLOT. Pues perderás ...

ROS. Ya lo sé.

CLOT. Vida y honor.

ROS. Bien lo creo.

CLOT. ¿Qué intentas?

ROS. Mi muerte.

CLOT. Mira

Que eso es despecho.

ROS. Es honor.

CLOT. Es desatino.

ROS. Es valor.

CLOT. Es frenesí.

ROS. Es rabia, es ira.

CLOT. En fin, ¿Que no se da medio

A tu ciega pasión?

ROS. No.

CLOT. ¿Quién ha de ayudarte?

ROS. Yo.

CLOT. ¿No hay remedio?

ROS. No hay remedio.

CLOT. Piensa bien si hay otros modos ...

ROS. Perderme, de otra manera. (Vase.)

CLOT. Pues si has de perderte, espera,

Hija, y perdámonos todos. (Vase.)

Campo.

Viendo lograr una ocasión tan rara.

De tener una fiera

Que sus grandes ejércitos rigiera,

A cuyo altivo aliento

Fuera poca conquista el firmamento!

Pero el vuelo abatamos.

Espíritu; no así desvanezcamos

Aqueste aplauso incierto.

Si ha de pesarme, cuando esté despierto,

De haberlo conseguido

Para haberlo perdido;

Pues mientras menos fuere,

Menos se sentirá si se perdiere.

(Tocan un clarín.)

CLAR. En un veloz caballo

(Perdóname, que fuerza es el pintallo

En viniéndome á cuento).

En quien un mapa se dibuja atento.

Pues el cuerpo es la tierra,

El fuego el alma que en el pecho encierra.

La espuma el mar, y el aire es el suspiro,

En cuya confusión un caos admiro;

Pues en el alma, espuma, cuerpo, aliento.

Monstruo es de fuego, tierra, mar y viento;

De color remendado.

Rucio, y á su propósito rodado,

Del que bate la espuela;

Que en vez de correr vuela;

A tu presencia llega

Airosa una mujer.

SEGIS. Su luz me ciega.

CLAR. ¡Vive Dios, que es Rosaura! (Retírase.)

SEGIS. El cielo á mi presencia la restaura.

ESCENA X

Y, como el mayor planeta, que en los brazos de la aurora

Se restituye luciente a las plantas y á las rosas,

Y sobre montes y mares, cuando coronado asoma,

Luz esparce, rayos brilla, cumbres baña, espumas borda;

Así amanezcas al mundo, luciente sol de Polonia,

Que á una mujer infelice, que hoy á tus plantas se arroja.

Ampares por ser mujer y desdichada: dos cosas

Que, para obligarle á un hombre, que de valiente blasona.

Cualquiera de las dos basta, cualquiera de las dos sobra.

Tres veces son las que ya me admiras, tres las que ignoras

Quién soy, pues las tres me viste en diverso traje y forma.

La primera me creíste varón, en la rigurosa

Prisión, donde fué tu vida de mis desdichas lisonja.

La segunda me admiraste mujer, cuando fué la pompa

De tu majestad un sueño, una fantasma, una sombra.

La tercera es hoy, que, siendo monstruo de una especie y otra.

Entre galas de mujer armas de varón me adornan.

Y porque, compadecido, mejor mi amparo dispongas.

Es bien que de mis sucesos trágicas fortunas oigas,

De noble madre nací (en la corte de Moscovia),

Que, según fué desdichada, debió de ser muy hermosa.

En esta puso los ojos un traidor, que no le nombra

Mi voz por no conocerle, de cuyo valor me informa

El mió; pues siendo objeto de su idea, siento ahora

No haber nacido gentil, para persuadirme, loca,

A que fué algún dios de aquellos que en metamorfosis llora

Lluvia de oro, cisne y toro, en Dánae, Leda y Europa.

Cuando pensé que alargaba, citando aleves historias.

El discurso, hallo que en él te he dicho, en razones pocas,

Que mi madre, persuadida a finezas amorosas.

Fué, como ninguna, bella, y fué infeliz como todas.

Aquella necia disculpa de fe y palabra de esposa.

La alcanzó tanto, que aun hoy el pensamiento la llora;

Habiendo sido un tirano tan Eneas de su Troya,

Que la dejó hasta la espada. Envaínese aquí su hoja.

Que yo la desnudaré antes que acabe la historia.

Deste, pues, mal dado nudo, que ni ata ni aprisiona,

O matrimonio ó delito, si bien todo es una cosa,

Nací yo tan parecida, que fui un retrato, una copia.

Ya que en la hermosura no, en la dicha y en las obras;

Y así, no habré menester decir que, poco dichosa

Heredera de fortunas, corrí con ella una propia.

Lo más que podré decirte de mí, es el dueño que roba

Los trofeos de mi honor, los despojos de mi honra.

Astolfo ... ¡Ay de mí! — Al nombrarle se encoleriza y se enoja

El corazón, propio efecto de que enemigo le nombra.

— Astolfo fué el dueño ingrato, que olvidado de las glorias

(Porque en un pasado amor se olvida hasta la memoria),

Vino á Polonia, llamado de su conquista famosa,

A casarse con Estrella, que fué de mi ocaso antorcha.

¿Quién crerá que, habiendo sido una estrella quien conforma

Dos amantes, sea una Estrella la que los divida ahora?

Yo ofendida, yo burlada, quedé triste, quedé loca.

Quedé muerta, quedé yo, que es decir, que quedó toda

La confusión del infierno cifrada en mi Babilonia;

Y declarándome muda, (porque hay penas y congojas

Que las dicen los afectos mucho mejor que la boca).

Dije mis penas callando, hasta que una vez á solas.

Violante mi madre (¡Ay cielos!) rompió la prisión, y en tropa

Del pecho salieron juntas, tropezando unas con otras.

No me embaracé en decirlas; que en sabiendo una persona

Que, á quien sus flaquezas cuenta, ha sido cómplice en otras.

Parece que ya le hace la salva y le desahoga;

Que á veces el mal ejemplo sirve de algo. En fin, piadosa

Oyó mis quejas, y quiso consolarme con las propias:

Juez que ha sido delincuente, ¡Qué fácilemente perdona!

Escarmentando en sí misma, y por negar á la ociosa

Libertad, al tiempo fácil, el remedio de su honra.

No le tuvo en mis desdichas; por mejor consejo toma

Que le siga, y que le obligue, con finezas prodigiosas,

A la deuda de mi honor; y para que á menos costa

Fuese, quiso mi fortuna que en traje de hombre me ponga.

Descuelga una antigua espada, que es esta que ciño: ahora

Es tiempo que se desnude, como prometí, la hoja,

Pues confiada en sus señas, me dijo: «Parte á Polonia,

Y procura que te vean ese acero que te adorna.

Los más nobles; que en alguno podrá ser que hallen piadosa

Acogida tus fortunas, y consuelo tus congojas.»

Llegué á Polonia, en efecto: pasemos, pues que no importa

El decirlo, y ya se sabe, que un bruto que se desboca

Me llevó á tu cueva, adonde tú de mirarme te asombras.

Pasemos que allí Clotaldo de mi parte se apasiona;

Que pide mi vida al Rey; que el Rey mi vida le otorga;

Que informado de quien soy, me persuade á que me ponga

Mi propio traje, y que sirva á Estrella, donde ingeniosa

Estorbé el amor de Astolfo, y el ser Estrella su esposa.

Pasemos que aquí me viste otra vez confuso, y otra

Con el traje de mujer confundirte entrambas formas;

Y vamos á que Clotaldo, persuadido á que le importa

Que se casen y que reinen Astolfo y Estiella hermosa,

Contra mi honor me aconseja que la pretensión deponga.

Yo, viendo que tú, ¡Oh valiente Segismundo! A quien hoy

toca

La venganza, pues el cielo quiere que la cárcel rompas

De esa rústica prisión, donde ha sido tu persona

Al sentimiento una fiera, al sufrimiento una roca.

Las armas contra tu patria y contra tu padre tomas.

Vengo á ayudarte, mezclando entre las galas costosas

De Diana, los arneses de Palas; vistiendo ahora

Ya la tela y ya el acero, que entrambos juntos me adornan.

Ea, pues, fuerte caudillo, á los dos juntos importa

Impedir y deshacer estas concertadas bodas:

A mí, porque no se case el que mi esposo se nombra,

Y á tí porque, estando juntos sus dos estados, no pongan

Con más poder y más fuerza en duda nuestra victoria.

Mujer, vengo á persuadirte al remedio de mi honra;

Y varón, vengo á alentarte a que cobres tu corona.

Mujer, vengo á enternecerte cuando á tus plantas me ponga;

Y varón, vengo á servirte con mi acero y mi persona.

Y así piensa, que si hoy como mujer me enamoras,

Como varón te daré la muerte en defensa honrosa

De mi honor; porque he de ser, en su conquista amorosa,

Mujer para darte quejas, varón para ganar honras.

SEGIS. (Ap.) ¡Cielos, si es verdad que sueño, suspendedme la memoria.

Que no es posible que quepan en un sueño tantas cosas!

¡Válgame Dios, quién supiera, ó saber salir de todas,

O no pensar en ninguna! ¿Quién vio penas tan dudosas?

Si soñé aquella grandeza en que me vi, ¿Cómo ahora

Esta mujer me refiere unas señas tan notorias?

Luego fué verdad, no sueño. Y si fué verdad (que es otra

Confusión, y no menor), ¿Cómo mi vida le nombra

Sueño? Pues ¿Tan parecidas a los sueños son las glorias,

Que las verdaderas son tenidas por mentirosas,

Y las fingidas por ciertas? ¡Tan poco hay de unas á otras.

Que hay cuestión sobre saber si lo que se ve y se goza,

Es mentira ó es verdad! ¿Tan semejante es la copia

Al original, que hay duda en saber si es ella propia?

Pues si es así; y ha de verse desvanecida entre sombras

La grandeza y el poder, la majestad y la pompa,

Sepamos aprovechar este rato que nos toca,

Pues sólo se goza en ella lo que entre sueños se goza.

Rosaura está en mi poder, su hermosura el alma adora ...

Gocemos, pues, la ocasión, el amor las leyes rompa

Del valor y la confianza con que á mis plantas se postra.

Esto es sueño; y pues lo es, soñemos dichas ahora.

Que después serán pesares. Mas ¡Con mis razones propias

Vuelvo á convencerme á mí! Si es sueño, si es vanagloria,

¿Quién por vanagloria humana pierde una divina gloria?

¿Qué pasado bien no es sueño? ¿Quién tuvo dichas heroicas.

Que entre sí no diga, cuando las revuelve en su memoria:

«Sin duda que fué soñado cuanto vi?» — Pues si esto toca

Mi desengaño, si sé que es el gusto llama hermosa,

Que la convierte en cenizas cualquiera viento que sopla:

Acudamos á lo eterno, que es la fama vividora

Donde ni duermen las dichas, ni las grandezas reposan.

Rosaura está sin honor; más á un Príncipe le toca

El dar honor que quitarle. Vive Dios! que de su honra

He de ser conquistador, antes que de mi corona.

Huyamos de la ocasión, que es muy fuerte. — Al arma,

(A un soldado.)

Que hoy he de dar la batalla, antes que la oscura sombra

Sepulte los rayos de oro entre verdinegras ondas.

ROS. ¡Señor! ¿Pues así te ausentas? ¿Pues ni una palabra sola

No te debe mi cuidado, ni merece mi congoja?

¿Cómo es posible. Señor, que ni me mires ni oigas?

¿Aun no me vuelves el rostro?

SEGIS. Rosaura: al honor le importa.

Por ser piadoso contigo, ser cruel contigo ahora.

No te responde mi voz, porque mi honor te responda;

No te hablo, porque quiero que te hablen por mí mis

obras;

Ni te miro, porque es fuerza, en pena tan rigurosa.

Que no mire tu hermosura quien ha de mirar tu honra.

(Vase, y los soldados con él.)

ROS. ¿Qué enigmas, cielos, son estos?

Después de tanto pesar,

¡Aún me queda que dudar

Con equívocas respuestas!

CLAR. ¿Señora! ¿Es hora de verte?

ROS. ¡Ay, Clarín! ¿Dónde has estado?

CLAR. En una torre encerrado.

Brujuleando mi muerte.

Si me dá, ó si no me dá;

Y á figura que me diera.

Pasante quínola fuera

Mi vida; que estuve ya

Para dar un estallido.

ROS. ¿Por qué?

CLAR. Por que sé el secreto

De quién eres, y en efeto,

Clotaldo ... Pero ¿Qué ruido

Es este? (Suenan cajas.)

ROS. ¿Qué puede ser?

CLAR. Que del palacio sitiado

Sale un escuadrón armado

A resistir y vencer

El del fiero Segismundo.

ROS. Pues ¿Cómo cobarde estoy.

Y ya á su lado no soy

Un escándalo del mundo.

Cuando ya tanta Crueldad

Cierra sin orden ni ley? (Vase.)

ESCENA XII

Que yo, apartado este dia

En tan grande confusión,

Haga el papel de Nerón,

Que de nada se dolía.

Si bien me quiero doler

De algo, y ha de ser de mí.

Escondido, desde aquí

Toda la fiesta he de ver;

El sitio es oculto y fuerte

Entre estas peñas. — Pues ya

La muerte no me hallará,

Dos higas para la muerte.

(Escóndese: tocan cajas, y suena ruido de armas.)

ESCENA XIII

CLAR. Soy un hombre desdichado

Que, por quererme guardar

De la muerte, la busqué.

Huyendo della, encontré

Con ella; pues no hay lugar

Para la muerte secreto:

De donde claro se arguye,

Que quien más su efecto huye,

Es quien se llega á su efeto.

Por eso tornad, tornad

A la lid sangrienta luego,

Que entre las armas y el fuego

Hay mayor seguridad

Que en el monte mas guardado.

Pues no hay seguro camino

A la fuerza del destino

Y á la inclemencia del hado;

Y así, aunque á libraros vais

De la muerte con huir.

Mirad que vais á morir,

Si está de Dios que muráis. (Cae dentro.)

BAS. ¡Mirad que vais á morir, si está de Dios que muráis!

Qué bien (¡ay cielos!) persuade nuestro error, nuestra ignorancia

A mayor conocimiento, este cadáver que habla

Por la boca de una herida, siendo el humor que desata

Sangrienta lengua que enseña que son diligencias vanas

Del hombre, cuantas dispone contra mayor fuerza y causa.

Pues yo, por librar de muertes y sediciones mi patria,

Vine á entregarla á los mismos de quien pretendí librarla.

CLOT. Aunque el hado. Señor, sabe todos los caminos y halla

A quien busca entre lo espeso de las peñas, no es cristiana

Determinación, decir que no hay reparo á su saña.

Sí hay, que el prudente varón victoria del hado alcanza;

Y si no estás reservado de la pena y la desgracia,

Haz por donde te reserves.

AST. Clotaldo, Señor, te habla

Como prudente varón que madura edad alcanza.

Yo como joven valiente. Entre las espesas matas

De ese monte está un caballo, veloz aborto del aura;

Huye en él, que yo, entre tanto, te guardaré las espaldas.

BAS. Si está de Dios que yo muera, o si la muerte me aguarda

Aquí, hoy la quiero buscar, esperando cara á cara.

(Tocan al arma.)

A hacer fieras mis costumbres: ¡Qué buen modo de estorbarlas!

Si á cualquier hombre dijesen: «Alguna fiera inhumana

Te dará muerte», ¿escogiera buen remedio en despertarlas

Cuando estuvieran durmiendo? Si dijeran: «Esta espada

Que traes ceñida, ha de ser quien te dé la muerte», vana

Diligencia de evitarlo fuera entonces desnudarla,

Y ponérsela á los pechos. Si dijesen: «Golfos de agua

Han de ser tu sepultura en monumentos de plata»,

Mal hiciera en darse al mar cuando, soberbio, levanta

Rizados montes de nieve, de cristal crespas montañas.

Lo mismo le ha sucedido que á quien, porque le amenaza

Una fiera, la despierta; que á quien, temiendo una espada

La desnuda; y que á quien mueve las olas de una borrasca:

Y cuando fuera (escuchadme) dormida fiera mi saña,

Templada espada mi furia, mi rigor quieta bonanza;

La fortuna no se vence con injusticia y venganza,,

Porque antes se incita mas; y así, quien vencer aguarda

A su fortuna, ha de ser con cordura y con templanza;

No antes de venir el daño se reserva ni se guarda

Quien le previene; que aunque puede humilde (cosa es clara)

Reservarse del, no es sino después que se halla

En la ocasión, porque aquesta no hay camino de estorbarla.

Sirva de ejemplo este raro espectáculo, esta extraña

Admiración, este horror, este prodigio; pues nada

Es más que llegar á ver con prevenciones tan varias,

Rendido á mis pies á un padre, y atropellado á un monarca.

Sentencia del cielo fué; por más que quiso estorbarla

El, no pudo; y ¿Podré yo, que soy menor en las canas.

En el valor y en la ciencia, vencerla? — Señor, levanta, (Al Rey.)

Dame tu mano; que ya que el Cielo te desengaña

De que has errado en el modo de vencerla, humilde aguarda

El cuello á que tú te vengues: rendido estoy á tus plantas.

BAS. Hijo, que tan noble acción otra vez en mis entrañas

Te engendra: Príncipe eres. A tí el laurel y la palma

Se te deben: tú venciste; corónente tus hazañas.

TOD. ¡Viva Segismundo, viva!

SEGIS. Pues que ya vencer aguarda

Mi valor grandes victorias, hoy ha de ser la más alta

Vencerme á mí. — Astolfo dé la mano luego á Rosaura,

Pues sabe que de su honor es deuda, y yo he de cobrarla.

AST. Aunque es verdad que la debo obligaciones, repara

Que ella no sabe quien es; y es bajeza y es infamia

Casarme yo con mujer ...

CLOT. No prosigas, tente, aguarda;

Porque Rosaura es tan noble como tú, Astolfo, y mi espada

Lo defenderá en el campo; que es mi hija y esto basta.

AST. ¿Qué dices?

CLOT. Que yo hasta verla casada, noble y honrada

No la quise descubrir. La historia desto es muy larga;

Pero, en fin, es hija mia.

AST. Pues siendo así, mi palabra

Cumpliré.

SEGIS. Pues porque Estrella no quede desconsolada.

Viendo que príncipe pierde de tanto valor y fama,

'De mi propia mano yo con esposo he de casarla

Que en méritos y fortuna, si no le excede, le iguala.

Dame la mano. (A Estrella.)

ESTR. Yo gano en merecer dicha tanta.

SEGIS. A Clotaldo, que leal sirvió á mi padre, le aguardan

Mis brazos, con las mercedes que él pidiere que le haga.

UN SOLDADO. Si así á quien no te ha servido honras: á mí,

que fui causa

Del alboroto del reino, y de la torre en que estabas

Te saqué, ¿Qué me darás?

SEGIS. La torre; y porque no salgas

Della nunca, hasta morir has de estar allí con guardas;

Que el traidor no es menester, siendo la traición pasada.

BAS. Tu ingenio á todos admira.

AST. ¡Qué condición tan mudada!

ROS. ¡Qué discreto y qué prudente!

SEGIS. ¿Qué os admira? ¿Qué os espanta.

Si fué mi maestro un sueño, y estoy temiendo, en mis ansias,

Que he de dispertar y hallarme otra vez en mi cerrada

Prisión? — Y cuando no sea, el soñarlo solo basta,

Pues así llegué á saber que toda la dicha humana

En fin pasa como un sueño, y quiero hoy aprovecharla

El tiempo que me durare, pidiendo de nuestras faltas

Perdón, pues de pechos nobles es tan propio el perdonarlas.

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Por su autor
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Expediente

Autor
Pedro Calderón de la Barca (1600–1681) · Wikidata Q170800
Título
La vida es sueño — III
Lengua
español
Época
Barroco
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-la-vida-es-sueno-iii--pedro-calderon-de-la-barca-e912e3
Cita recomendada
Pedro Calderón de la Barca, «La vida es sueño — III», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-la-vida-es-sueno-iii--pedro-calderon-de-la-barca-e912e3.html

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