Notas sueltas
Ya el golpe de las olas no estremece
la roca en que me siento...
Es la tarde: la noche se avecina...
La brisa desfallece,
y abate el mar su crespo movimiento.
Salen de Oriente formas soñolientas,
y queda sólo, al lado de Occidente,
como enlace del día con la noche,
el luminoso broche
del menguado crepúsculo muriente.
Cual pequeñuelo en encantada cuna,
dormí en la peña al son de la onda brava,
olvidado del tiempo y la fortuna;
y he despertado ahora,
al dibujarse la creciente luna.
¡Luz cenital de todas las esferas!
¡Dios de la creación! Bajo tu manto
el Universo va... Tu luz le guía...
-¿Dónde está aquel lucero,
perpetua causa de dolor y llanto,
primera culpa de mi amor primero?
¡Oh, fosas olvidadas,
donde solos están los huesos quietos
de las gentes pasadas!...
¡Cuántos guardáis, dulcísimos secretos
de esperanzas y dichas malogradas!
La noche envuelve el mundo... Siento frío...
¡Inmensa soledad! tuya es la pena
universal que llora en el rocío...
Tuya será también la paz serena
que de la muerte aguarda el pecho mío.