El árbol a la fuente protegía,
dando apacible sombra a su venero;
pero la fuente de la sombra huía
a la voz del arroyo lisonjero.
El arroyo, que alegre discurría,
vióla llegar y la besó el primero;
de allí fue al lecho de agitado río,
y éste la sepultó en el mar bravío.