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José Zorrilla · Modernismo

La flor de los recuerdos (México) — 51

español

Era purísima nube
Que del aura al suave halago
Sale del límpido lago
Y reluce con el sol;
Del desierto de mi vida
Era sombreadora palma:
Era el ídolo de mi alma,
Era mi primer amor.

Era un sueño realizado
Que formó el anhelo mió;
Bañaba como un rocío
De júbilo el corazón.
Era una aurora de dicha
Tras noches mil de tormento:
Era mi primer contento,
Era mi primer amor.

Dios, de mi orfandad doliente
Miró el luto, sintió el duelo,
Y un arcángel de su cielo
En tí, adorada, me envió!
Era el astro que alumbraba
Mi mezquina inteligencia:
Era el sol de mi existencia,
Era mi primer amor.

Como dos aves cruzamos
Del mar del mundo el desierto:
Un faro brilla en el puerto:
Le enciende la religión.
Cuando muera, á vuestra madre,
Hijos, mirad con ternura:
Porque es mi bien, mi ventura:
Porque es mi primer amor.

Recordad á vuestro padre
Que con llanto de contento,
Con vuestro primer aliento
Delicias mil respiró;
Y si amaren mi memoria
Que te miren, ¡vida mia!
Diciendo: “era su María,”
Era su primer amor.

La del cabello encrespado,
La de delgada cintura,
La de sagaz travesura
En el mirar seductor…

La linda china poblana,
Mas linda que las estrellas,
¿Quién quitó á sus formas bellas
El insurgente castor?

¿Quién la pérfida camisa
Que con descote alarmante
Era el cielo del amante
Y era anuncio del calor?

¿Por qué en estrecho corpino
Tu libre talle se encierra?
¿Quién, sacrílego, destierra
Las enaguas de castor?

Era un bello firmamento
De lentejuela de plata,
Era el manto de escarlata
De las reinas del amor…

Era la china garbosa
La linda china Poblana
Sobre la nube de grana
De su enagua de castor.

¿Quién es esa mustia chica?
¿Es vestido ó es sotana?
¿Es corpino, ó es aduana
Esa parte superior?

¡Maldita moda, maldita!
Rompan el corpiño, chinas,
Les va á dar unas anginas;
Venga el hermoso castor.

Use el túnico gazmoño
Sedentaria costurera…
O cuidadosa severa
De zeloso solterón…

Use el túnico el gran tono
Todo flaquezas y huesos,
Y revivan los traviesos
Zagalejos de castor.

Por Dios ¿quién sufre un embudo
De lienzo? ¡una linda china
A quien el cielo destina
Al aire libre, al amor!

Esa cárcel de mangote
Que sirva á la aristocracia;
Pero á las chinas la gracia
Y la enagua de castor.

Ondas de púrpura ardiente
Los zagalejos formaban:
Con los vaivenes brillaban
Como la mar con el sol.

Hoy tétrica muselina
Echó al piececito un velo.
¡Por Dios! que nos dé consuelo
El regreso del castor.

En buena hora los telones
Para la pata estranjera,
Y una lancha cañonera
Para cada pié invasor…

Mas que bañe la luz pura
Los encantos soberanos
De los piecitos poblanos
Por la enagua de castor.

¡Qué linda era una garganta
De contornos celestiales
Entre perlas y corales…
Proclamando insurrección!

¿Por qué un rostro peregrino
Sobre un saco penitente?
Vístase como la gente
Con la enagua de castor.

¿Y quién se arriesga á un jarabe,
Franco, resuelto, exabruto,
Con un acólito enjuto
De peineta y pañuelon?

¿Quién admira un zapatéo
Oculto entre bastidores?
¡Muera el túnico, señores!
¡Viva el garboso castor!

Quitad al cielo las nubes
Y á la mar su blanca espuma,
Quitad al ave la pluma
Y al sol su rico esplendor…

Mas si queréis que no emigre
Al Japón ó á Palestina,
Que vuelva la hermosa china
A su enagua de castor.

Túnico á las forliponas
Que hasta su instinto contienen,
Y en el baile van y vienen…
Y andan de órden superior.

La china toda es franqueza,
No es de bretañas archivo,
Que luce lo positivo:
Vuelva el querido castor.

¿Quién diablo sufre esas caras
Como en un confesonario
Dentro un gorro estrafalario
Con paredes de cartón?

¿Quién sufre esas tiesas golas
Que son hoy de moda artículo,
Y el miriñac y el ridículo?…
No, no, que vuelva el castor.

Vuelva el castor y el jaleo,
Que es de placeres tesoro,
La banda de flecos de oro
Y el dengue alborotador…

Y al rasgar la jaranita
Sus canciones subversivas,
Pueblen el aire mil vivas
Por el triunfo del castor.

¡Paso!… se lanza en ráudo remolino
De huracán y de llama
Mi espíritu inmortal: el ser divino
Que mi existencia inflama!
Como un sol reverbera el pensamiento,
Y tiende su ala, y mi existir sublima,
Y grita audaz: “el universo es mio”
Imperando soberbio en el vacío!!
¡Divina esencia! el universo inmenso
Con su corona de astros inmortales,
Es burbuja invisible concebida
Del poder del Eterno en los raudales,
En su infinito manantial de vida.

¿Dó está su valladar? el ancho cielo
Que en urna de cristal guarda la tierra,
Es el grosero velo
Que oculta astros sin fin, mundos sin cuento:
Que en torrentes de luz y de armonía,
Que en sublime concento,
Que en sempiterno dia
Borran nuestro esplendente firmamento,
Que último esfuerzo del poder divino
Creyó la fantasía…

Así inundado en mágica grandeza
¿Hay algo mas allá? gritó el orgullo
Levantando altanero su cabeza,
Y otro horizonte rompe su capullo,
Y otros cielos sin fin, y ardientes soles
A la vista abismada reverberan;
Y como depositan en la playa
Las olas sus arenas á millares,
Así despide el foco de la vida
Radiantes luminares,
Nidos de inteligentes criaturas
Que prorrumpen en cánticos de gloria
Al Dios de las alturas!!

¿Hay algo mas allá? y en torbellino
De nuevos seres se confunde el alma,
Como débil sonido
Entre fragor de tempestad perdido:
Como el átomo errante
Al resoplar el huracán pujante.

Así se pierde, al éxtasis se entrega:
Como un insecto en medio de los mares
A la creación sublime
Contempla que en su torno se desplega.

¡Alma de la creación! cuando del seno
De tu poder salia,
Como del centro de la nube de oro
Tras la tiniebla el luminar del dia,
Al himno de los pájaros cantores,
Al hossana soberbio de los mares,
Al brotar los fulgentes luminares,
Al volar el incienso de las flores,
Al proclamarte en su estampido el trueno,

Al ensalzar ¡oh Dios Omnipotente
Retumbando magnífico el torrente
Tu misterioso nombre!…
Dijiste: nazca el hombre
Y con tu luz resplandeció su frente!…

Hijo de Dios, arcángel humanado,
Espíritu inmortal, goza tu herencia,
El verde campo y sus espigas de oro:
La flor de seda con su dulce esencia,
El duro pedernal con su tesoro,

El mar inmenso con sus hondas bellas,
El ave y el reptil que esmalta el suelo,
Y el magnífico cielo
Con su dosel espléndido de estrellas.

Le gozaste: á su mágico embeleso
Te adormecistes ebrio de ventura,
У te sacó del sueño la hermosura
Al blando tacto de su ardiente beso!

Brotó el sol de su vasta inteligencia
Y todo lo alumbró; domó los mares
Con inseguro leño,
En globo frágil lo miró el vacío,
Y sumiso á sus pies repitió el viento
Su poderoso acento
Al esclamar: “el universo es mio.”

En el grano del ámbar su secreto
Le arranca el rayo: su poder quebranta.
Y ese mónstruo de llama horror del viento,
Dócil se humilla á su soberbia planta;

Dice el hombre: “serás mi confidente,
Lleva mi pensamiento en raudo vuelo,”
Tiende su hilo el telégrafo obediente,
Y vuela la palabra inteligente
En el rayo del cielo…

Hijo de Dios! alcázar de su gloria,
¿Podré considerarte vil gusano
Y lodo ruin, y miserable escoria,
Presa de crímen, fuente de pasiones
Y de los tuyos víctima ó tirano?

¿Nos dirá ese huracán cuando retumba,
Nos dirán esos astros con su lumbre:
“Esta es arca de cieno y podredumbre…
El fin de los mortales es la tumbal”

¿Quién fué ese Dios que se gozó en su hechura
Para decirle atroz: “te doy la ciencia,
Lleva el veneno de la horrible duda?
Encenderé en tu mente el pensamiento;
Pero entre nubes torcerá su giro,
Será pérfida luz que te estravíe,
Falso imán que del rumbo te desvíe;

Será efímera estrella
Que seguirás con ambiciosa huella
Entre abismos sin fin, y en fugaz vuelo
Se perderá en el cielo…
Tu poder fué irrisión, fué honda ironía
Formar el mundo y encender el dia
Al proclamarte el Dios, el grande, el fuerte…
Tu promesa, implacable desmentía
La mano de esqueleto de la muerte”…

¡Blasfemo delirar, atroz mentira
Que robó al templo el ornamento de oro,
Y que sembrando decepción y lloro
Contra la triste humanidad conspira.

¡Grande inmortalidad! tú vindicaste,
Al hombre ¡hijo de Dios! tú le mostraste
Sin dardos de venganza:
Tú, divino, en la tumba iluminaste
La seductora faz de la esperanza!

¡Grande inmortalidad, creencia querida,
Vuelo del alma, amparo de la suerte!
Tú convertiste el antro de la muerte
En senda hermosa de la eterna vida.

Tú á la muerte tornaste en ángel tierno,
Que el alma al separar de la materia,
Dice al mortal… mentira es tu miseria
Y conduce su espíritu al Eterno.

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Autor
José Zorrilla (1817–1893) · Wikidata Q331863
Título
La flor de los recuerdos (México) — 51
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-la-flor-de-los-recuerdos-mexico-51--jose-zorrilla-92fcb5
Cita recomendada
José Zorrilla, «La flor de los recuerdos (México) — 51», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-la-flor-de-los-recuerdos-mexico-51--jose-zorrilla-92fcb5.html

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