Hubo un tiempo mejor, cuando corría
Mas activa la sangre por mis venas,
En que el mundo á mis ojos se estendia
Cual fuente de placer y ondas serenas,
En cuyo borde la ilusión fingía
Entre mirtos y rosas, y azucenas
Vírgenes de alba tez y castas frentes,
Bellas como las ninfas de las fuentes.
. . . . . . . . . . . . . . . . .
Y en medio de mis sueños de ventura,
Y en medio de ese edén de frescas flores,
Una doncella vi cándida y pura,
Objeto primordial de mis amores.
Yo la adoré: con infantil ternura
La revelé mis íntimos ardores,
Y ella á través de su virgíneo velo
Me hizo ver en la tierra todo un cielo.
Era un ángel de amor: ensortijado,
Blondo el cabello por su blanca espalda
Vagaroso bajaba y perfumado;
Su sien ceñía virginal guirnalda,
Era de nieve el seno delicado:
Sus formas ocultaba leve falda,
Que el céfiro amoroso estremecía,
Y entre sus pliegues con amor gemia.
Pasagera ilusión, sueño dichoso,
Cuyo recuerdo el corazón adora
Y avaro guarda con afán penoso
Y el alma triste sin descanso llora.
Todo fué de la noche sueño hermoso
Que se disipa al despuntar la aurora:
Solo fué realidad la horrible pena
Que de mi ser las horas envenena.
Bello fantasma del placer perdido,
Fantasma seductor ¿por qué resbalas
Por mi triste aposento, y suspendido
Sobre mi lecho, tus brillantes alas
Ciernes sobre mi frente y un gemido
Del blanco seno pesaroso exhalas,
Si cuando voy á consolar tus quejas
Huyes, te sigo, y sin rumor te alejas?
No la cantéis, gilgeros:
Brisas, no la toquéis: sol, no la alumbres;
Y vosotros luceros
No os elevéis tampoco de las cumbres,
Llevad vuestras antorchas y fulgores
A alumbrar otro suelo, otros amores.
¿No tengo de sus ojos
La suave luz, y el ámbar y el aroma
De esos sus labios rojos,
Y arrullos con su acento de paloma
Y delicias y amor con su presencia
Que es el divino sol de mi existencia?
Dejadnos nuestros sueños,
Sueños de amor, tiernísimos delirios,
En que vemos risueños
Cielos de oro y zafir, campos de lirios,
Aves, fuentes y luz, un paraíso
Donde la suerte colocarnos quiso.
Esta es tu imagen, celestial y pura:
Al través de mis lágrimas la veo,
Y cuanto mas en ella me recreo
Mas siente el corazón su desventura.
Al contemplar tu lánguida hermosura
Ver tu sonrisa enamorado creo,
Pienso escuchar tu voz, ¡vano deseo!
Oscurece tu faz triste amargura!
¡Pobres flores de amor! se marchitaron,
Y han quedado tan solo los abrojos
Que el triste corazón despedazaron;
Y me queda tan solo por despojos,
Tu imagen que los años no borraron
Ni el triste llanto de mis tristes ojos.
Cruza un desierto el triste peregrino
Entre el aura estival que lo sofoca;
Busca una fuente, un sauce, alguna roca,
Y solo oye rugir el torbellino…
¡Le amenaza la muerte! en su camino
El sol lo rinde, y su sedienta boca,
Al Dios que adora en su oración invoca,
Y sigue resignado su destino.
De la Santa Ciudad al fin descubre:
Alguna triste y destrozada almena,
Y animada su fé rápido avanza.
Así mi negro porvenir se encubre:
Mas muerte y religión calman mi pena,
Porque al seno de Dios va mi esperanza.
Plácida corre, sonorosa fuente,
Bañando amante la feraz campiña,
Y retraten tus linfas de la viña
El dulce fruto y el verdor luciente.
Festiva en tus orillas apacente
Blancas ovejas, mi preciosa niña.
Y el bello Abril con amaranto ciña
Los arbustos que besa tu corriente.
Y si Elmira al murmullo de tus ondas
Se aduerme al pié del abedul frondoso
Pronunciando mi nombre, no respondas,
Repite solo mi cantar penoso:
Y si refresca en ti sus trenzas blondas,
Guárdame en tu cristal su rostro hermoso.
Salud, salud, alígeras viageras,
Amantes tiernas del Abril florido,
Que cruzáis sobre el lago adormecido
De la estación de amores mensageras.
No abandonéis, ¡oh amigas! las riberas
Que cuando niño recorrí embebido;
Suspended en mi techo vuestro nido,
Y amorosas cantad, aves parleras.
Cantad, cantad entre las bellas flores
Que coronan sencillas mi ventana,
Y me haréis olvidar de mis dolores.
Arrulladme en mi lecho en la mañana
Mientras sueño con Laura y sus amores,
Dulces amores de mi edad temprana.
No mas con los diamantes de Golconda
Ni las perlas de Ofir, ciñas tu frente,
Ni de Italia la gasa trasparente
Quieras que el cuello angelical te esconda.
¿Qué ha menester tu cabellera blonda
Que en hilos de oro desparció el ambiente,
Ni la luz de sus ojos, mas ardiente
Que el sol que nace iluminando el onda?
Deja esas joyas, que á tu faz divina
¡Cuanto mas sientan los claveles rojos
Ceñidos en tu frente alabastrina!
Que ante tu luz, aunque les cáuse enojos,
Son los diamantes, Leila peregrina,
Solo destellos de tus lindos ojos.