No es premio de ambición afortunada
En la maldita fraternal contienda,
Ni comprada con oro está la ofrenda
Que veis en ese altar.
Es premio al alto ingenio concedido:
Es tributo de amor á la memoria
De quien llenara á México de gloria
Que nunca morirá.
Si á la perla de América guardase
Dias el hado de opresión y mengua,
Si por estraña lengua nuestra lengua
Fuese olvidada aquí:
Con los rotos penates en la mano
Atravesara los desiertos mares,
Y orillas del augusto Manzanares
Sentarme á gemir.
De rosas coronó la altiva frente;
Y, al deleite sensual abriendo el seno,
Convidó del error con el veneno
En rica taza de metal luciente.
Las santas aras derribó insolente;
Y, á la osada maldad quitado el freno,
El orbe contempló de escombros lleno,
Bañado en risa el labio maldiciente.
Hierros, no libertad; tiniebla densa
En vez de claridad, males prolijos,
Fueron á tanto crimen recompensa.
¡Quiera el cielo que aprendan nuestros hijos
Que ser libre y saber en vano piensa
Quien no tiene en la cruz los ojos fijos!