De su cuerpo y de si vive olvidada
Del hombre el alma, huyendo sus enojos,
Y ocultando á los otros y á sus ojos
La espantosa miseria de su nada.
Llega la muerte, y la costumbre usada
Prosigue, y de engañarse los antojos,
Y los humanos míseros despojos
Entre marmórea lápida dorada.
No en ella te detengas, pasagero.
Ábrela, y vé lo que ocultarte quieren
De los llegados á su fin postrero.
¿Qué ves?—Horror—Tus ojos mas no esperen
Que podredumbre y polvo lastimero.
Así viven los hombres, y así mueren.