Soy un átomo amante
Que voy sonoro
Por la atmósfera errante,
Dó canto y lloro:
Pero mi canto
No se sabe si es nunca
Cantar o llanto.
¿Quién soy? Lo ignoro. Tengo en mi ser
Tinieblas tales, tal confusión,
Que a un tiempo siente pena y placer,
Ansia y hastío mi corazón.
Hoy desdichado, feliz ayer,
Jamás descifro mi condición,
Y mi voz nunca puedo saber
Si es un lamento o una canción.
Misterios deben del alma ser:
Pero yo de ellos, en conclusión,
Solo averiguo que por dó quier
Pedazos dejo del corazón.
Yo soy como el arroyo:
Desde que brota,
Por dó vá, en cada hoyo
Deja una gota;
Que es mi destino
Dejar gotas del alma
por mi camino.
Yo soy el poeta que canta las flores:
Yo cuento a las niñas que mueren de amores
Las tiernas historias de tiempos mejores,
En una y en otra gentil narración.
Yo cuento a los viejos los casos extraños
Que en lóbrego olvido caer con los años
Dejaron las almas de nuestros mayores,
Escasas de fuego, de vida y pasión.
Yo soy el poeta, viajero del mundo,
Que va recogiendo dó quiera que pasa
La historia o conseja que, en campo, o en casa
Contar oye al paso donde hace mansión.
Yo soy como la hormiga:
Dó quier recoge
El granillo y la espiga
Para su troje:
Mas el sendero
Deja marcado al paso
De su hormiguero.
Yo hago una historia de una patraña
Que oigo a la ciega superstición
Contar al fuego de una cabaña,
De un aguacero de invierno al son;
Convierto en tiernos cuentos sencillos
De los pastores la relación,
Y a los palacios y a los castillos
Voy a hacer luego su narración.
Mas por dó quiera voy anudando
Con almas tiernas honda afección,
Y por dó quiera que voy pasando
Dejo pedazos del corazón.
Yo soy como la abeja,
Que en los rosales
Toma la miel que deja
Luego en panales;
Y a su colmena
Del dulce de las flores
Siempre va llena.
Dó quiera que un día mí espíritu mora,
Yo soy el consuelo del alma que llora:
Yo cierro las llagas que el tiempo no cura
Con bálsamo suave de amor y ternura;
Yo riego la herida que encona la ausencia
De dulces recuerdos de amor con la esencia;
Y a mí me confían su afán y sus duelos
Las almas que abrigan pasiones secretas
A eterno silencio y misterio sugetas,
Y a quienes devoran rabiosos los celos;
Las almas que viven con esa esperanza
Que solo en el cielo muriendo se alcanza;
Las almas que, fuertes, sonríen al mundo,
Y víctimas caen del duelo profundo
Que en ellas infiltra profunda pasión.
Yo vivo con esas; yo sé sus azares:
Yo lloro con ellas su afán y pesares,
Yo parto con ellas su oculta aflicción;
Y cuando abandono por fin sus hogares,
La hiel de sus penas las vuelvo en cantares,
Y mi alma las mando bajo una canción.
Yo soy como las nubes que los vapores
Derraman hechos lluvia sobre las flores;
Mi alma es un vaso
Que miel vierte en las almas que encuentra al paso.
¿Comprendes, Ana, por qué razón,
Átomo amante que voy errando,
Por donde quiera que voy pasando
Pedazos dejo del corazón?
¿Comprendes, Ana hermosa, por qué mi canto
Unas veces es himno y otras es llanto?
¿Comprendes, alma mía, que son las penas
Que lamento y que canto mías y ajenas:
Que el amor acendrado que en mí atesoro
No puede decir nunca si canto o lloro:
Y, en fin, que cuando al aire tiendo los brazos
Mi alma en él hacia otra se va en pedazos?
¡Adiós! Y a de la mía tienes las llaves:
De mi lloro y mi canto la causa sabes;
De hoy más no me preguntes quién soy, qué tengo,
Dónde voy, ni de dónde cantando vengo.
Yo vengo del Oriente
Dó nace el día:
Yo traigo al Occidente
Mi poesía:
Y a tus hogares
Traigo gloria y ventura
Con mis cantares.