A las ruinas de una ciudad sepultada en el mar
Este ambicioso mar, que en leño alado
surcas hoy, pesadumbre peregrina,
de fundación en otra edad divina,
ha entre soberbias olas sepultado.
Cuando se ve ceñido y retirado
aparece admirable alta ruina,
y la llaman, ¡oh Manlio!, Salmedina,
que sombra de su nombre aún no ha quedado.
¿Quién creyera que envidia de grandeza
en lisonjero ponto se hallara?
¡Oh mal segura fe de agua inconstante!
Borró desta ciudad la ilustre alteza
por dilatarse, como ya borrara
el ancho imperio y el poder de Atlante.