Madre: el sitio en que mataron
a mi padre los franceses,
¿no fue junto a los cipreses
donde vas a la oración?
¿Allí, donde me decías:
«¡véngale tú con tu brazo!...
»¿Da balazo por balazo
»en llegando la ocasión?»
¿Allí donde nuestras lágrimas
han regado tanto el suelo,
que crece nuestro majuelo
más que los de alrededor?...
Pues, madre, arando ese campo
hice de mis fuerzas prueba
(pues para clavar la esteva
nadie a los quince es menor...)
Y, al arranque de la yunta,
abrióse surco tan hondo,
que la reja desde el fondo
sacó este arcabuz al sol...
-¡Hijo mío! ¡hacia Bailén
van las tropas de Dupont!...
¡Dios te guíe!
-Madre... ¡Amén!
-¡Llévate mi bendición!