Lector, ¿qué es lo que hacer quiso el poeta
cuando escribir imaginó esta historia?
¿Dejar tal vez de su existencia inquieta
a la futura edad una memoria?
¿En su confusa crónica incompleta
su fe o superstición hacer notoria?
¿Predicar a su siglo una fe ardiente
o escupirle en la faz como un demente?
No sé. Sobre ello cuanto más medito
más en oscuros cálculos me pierdo.
Cosas dice este loco en este escrito
que haber leído en otro no recuerdo;
obra tal vez de un santo, de un precito
tal vez, a veces loco, a veces cuerdo,
su relato es de dudas un abismo;
no se entiende tal vez él a sí mismo.
Acaso sus fantásticas leyendas
de horóscopos y magia y predicciones,
son de un disfraz en que se emboza prendas;
de su locura acaso son visiones,
de su vida las páginas horrendas,
de su fiebre tal vez las invenciones:
su relación a veces horroriza
y a veces de placer el alma hechiza.
Yo, lector, por mi parte te aseguro
que penetrar no pude su secreto;
sin comentarios, aunque le hallo oscuro,
le doy a luz como editor discreto.
Imparcial, al autor dar no procuro
la razón, ni en quitársela me meto;
porque al fin, como él dice, importa poco
dar o no dar con la razón de un loco.