Yo supongo que tienen los prospectos
inmensa utilidad, grandes efectos;
que tan precisos son como el Decálogo,
mas, sea que el autor haga un monólogo;
o que con el lector entable un diálogo,
en el mejor prospecto y mejor prólogo,
de estilo el más cortés y el más análogo,
de períodos más puros y correctos
¿qué es lo que el escritor dice en resumen?
En términos más claros e indirectos,
que le pasen por alto sus defectos,
y que compren su pliego o su volumen.
Esto a mí me parece indigno dolo
de quien pasó por cátedras y escuelas,
y medio de anunciarse digno sólo
de un escamoteador o un sacamuelas.
Esto a mí me parece bajo y pobre;
pero, si yo atropello esa costumbre,
puede que inquina el público me cobre,
y al presentarme a él me haga ver lumbre.
Así que, protestando contra el modo
actual, que no es de gentes de mi fuste,
mas mirando que es fuerza que ante todo
a la costumbre general me ajuste,
a escribir un prospecto me acomodo,
aunque el mío tal vez a nadie guste.
Allá va, ¡vive Dios! Mas hacer quiero
una oportuna observación primero.