Todo aquel que en un libro o un periódico,
determina imprimir sus opiniones,
cree lo más necesario y más metódico
dar a su escrito causas y razones,
y en un prospecto, prólogo o programa,
del público sobre él la atención llama.
Allí, con más torpeza o más ingenio,
ya en pretencioso o en humilde estilo,
según es su carácter o su genio,
empieza, en tono enfático o tranquilo,
a torcer de su idea el primer hilo,
e invocando muy recio santos nombres,
RELIGIÓN, LIBERTAD, VIRTUD O CIENCIA,
promete, cuando menos, a los hombres,
riqueza, ilustración, independencia,
paz, dicha, bienestar… Anuncia, en suma,
que el bien universal tiene en su pluma.