Como van al ajenjo los beodos
protestando su horror a los licores,
y al salón de jugar, los jugadores,
componiendo a su vicio mil apodos;
como van susurrando en graves modos,
las doradas abejas a las flores,
y al festín imperial de los errores
declamando pureza, vamos todos:
así van los sublimes, los sagrados,
los heroicos, los grandes, los temidos,
con no sé qué furor de sus sentidos,
por despechos olímpicos lanzados...
con rumbos a la gloria... ¡y derrotados!
vencidos a la luz... ¡pero vencidos!