Salve, sagrado y cristalino río,
de sauces y de cañas coronado,
de arenas de oro y de cristal ornado
y de crecientes con el llanto mío.
Salve, y dilata tu ancho poderío
por la orla sabea, y el dorado
cerco de perlas: que el licor sagrado
enriquece tu eterno señorío,
Y así tus ninfas te detengan, cuando
pases por el estrecho deleitoso
de la concha de Venus amorosa;
que saques la cabeza serenando
este cerco de nubes espantoso,
en compañía de mi ninfa hermosa.