Roto está el lazo, y para siempre roto,
que tú apretaste con amante orgullo;
de la esperanza se agostó el capullo;
tu fácil corazón rompió su voto.
La torpe adulación, recio alboroto
en tu alma levantó con su murmullo;
sigue dormida a su falaz arrullo,
y no hallarás a tus desmanes coto.
Adiós, por siempre adiós, de mis amores
adorada ilusión, estrella mía,
ella te derribó con sus rigores.
¡Pobre mujer! No envidio su alma fría;
ni toda mi amargura y mis dolores
por su imprudente calma trocaría.