Nace en sagrados brazos de alva pura,
sujeto á los eclipses naturales
el Sol, divina luz de los mortales,
á desterrar nuestra tiniebla obscura.
Vá ilustrando la tierra su hermosura,
por signos de milagros, y señales,
hasta que para bien de nuestros males,
llega en la Cruz al auge de su altura.
Allí se pone, allí de su carrera
se acaban los humanos movimientos,
con la muerte del mismo apetecida.
Y queriendo cerrar la vuelta entera,
baja de los de Cruz, brazos sangrientos,
á los maternos que le dieron vida.