Orgullosa y feliz de su destino,
prendida en broche de diamante y oro,
ostentas nivea flor como tesoro
sobre tu casto seno alabastrino.
Al mirar el encanto peregrino
de tu faz y la flor, surge sonoro
clamor de admiración que forma a coro
corte que acecha tu triunfal camino.
Símbolo fiel de tus amables dones
es la flor que sus pétalos asoma
entre las nieves de tu seno en calma.
Mujer y flor cautivan corazones;
la reina del pensil no tiene aroma,
tú, diosa del amor, no tienes alma.