Fn buen hombre cierto día
Encerró en el palomar
El más primorosa par
De pichones que tenía.
Yendo á darles su alimento,
A uno tan solo encontró,
T plumas y sangre vio
Del otro, en el pavimento.
" ¡Oh, qué dolor! repetía,
Buenos estaban ayer. . . .
Sólo el gato puede ser
Autor de esta felonía."
Y sin más reflexionar,
Y con cólera no escasa,
Dijo al gato de la casa
Que estaba junto al hogar:
"Tu que ocuparte debías
En librarnos de ratones,
Devoras á los pichones
Que son la delicia mía."
En vano el gato infeliz
Jura al hombre enfurecido
Que no se hubiera atrevido
A cometer tal desliz.
"Conmoverme no podrás
Con tus lamentos y gritos,
Dijo el hombre, y tus delitos
Con la vida pagarás.
"Muy pronto verás, ingrato,
Castigada tu malicia."
Y con atroz injusticia
A muerte sentencia al gato.
Por dicha, la ejecución
No efectuó inmediatamente,
Sino que al gato inocente
Puso en estrecha prisión.
Luego se volvió á mirar
Al pichón que había quedado,
Y á un milano agazapado
Encontró en el palomar.
Aún en las garras tenía
Los restos del pichonzuelo,
Y el hombre con desconsuelo
Así al milano decía :
"Por tí iba, vil animal,
A dar muerte á un inocente,
Cuando eres tú solamente
La causa de tanto mal.
"De nada me serviría
TJn tardo arrepentimiento,
Y á eterno remordimiento
Condenado me vería.
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Tener prudencia es precio:
Pues á tri-ítes consecuencias
Expuestos sin duda e-tamos,
Sí imprudente sentenciamos
Tan solo por attariencias.