Dime : cuando en la noche los céfiros suspiran ;
Guando entre blancas nubes osténtase la luna,
Y asoman las estrellas, luciendo, de una en una,
Con tímido fulgor ;
Dime : cuando los árboles fantásticos se mecen,
Temblantes extendiendo sus sombras en los prados,
Y escápase á lo lejos de sones acordados]
Dulcísimo el rumor ;
La vista cuando tiendes tranquila hacia el ocaso
Y entre vapores leves los Andes ves gigantes,
En tanto que sus ecos agita retumbantes
Lejana tempestad ;
¿ No escuchas en las brisas acentos misteriosos,
Que á el alma le revelan la espléndida morada
Do, libre ya de penas, contemplará extasiada
De Dios la inmensidad ?
I Ay ! ¡ cuánto en el silencio se goza de la noche,
Si al corazón la espina del mal no lo devora !
; Cuan plácido es el tiempo pasar, hora por hora,
En mistico soñar,
Allá del horizonte mirando en los confines
Las formas caprichosas que toman los vapores,
Y el hálito aspirando que roba de las flores
La brisa al resbalar !
; Y Dios en todas partes ! Del agua los murmurios,
La ronca voz del viento, del trueno el estallido,
La queja lastimera del ave entre su nido,
; Tu acento son, Señor !
Doquiera de tu mano las maravillas veo,
Y humilde te bendigo doblando la rodilla.
; Gran Dios ! ; en todas partes tu omnipotencia brilla
Con célico esplendor !
Dios en el fuego, el aire y el ancho firmamento ;
¡ Dios en el mar inmenso, Ja luz y la armonía !
El genio, la esperanza, la fé, la poesía,
Son, Dios, tu inspiración !
Por eso en todas horas estática te adoro,
¡ Señor ! que vivificas los orbes con tu aliento ;
Y si de goces ebria mi sensación te cuento,
; Te imploro en mi aflicción !
Mil veces al lanzarme con vaporoso vuelo,
Viajera infatigable, buscando una esperanza,
He visto dibujarse perdido en lontananza
Risueño porvenir.
Sediento de ilusiones el corazón se agita,
Fantásticas forjando regiones de ventura ;
Y el mundo sólo engaños le ofrece y amargura ! —
; Soñar, eso es vivir !
¡ Mas ¿ quién de tus decretos inescrutables osa
j Abrir el hondo arcano ? — ¡ Señor, mi pobre acento
! Escucha, y no permitas que apague mi tormento
La fé del corazón !
¡De mí, Señor, apiádate! ¿No ves correr mi llanto?
Si un tiempo más dichoso tranquila te adoraba,
Vuélveme la esperanza que entonce acariciaba.
De mi alma la ilusión !
Sí, ¡ dámela ! Mi mente confuso torbellino]
De ideas mil opuestas revuelve enardecida,
Que ora en dolor la sumen, ora le dan la vida,
Mas nunca el bienestar.
76 - POETISAS AMEUCAXA*
Tiempo ha que en mi horizonte perdióse la esperanza,
Estrella misteriosa que luz me concedía :
Mi corazón doliente no late cual latía,
í Que acaso helado está !