Modesta diosa del final del día,
Tarde consoladora, amiga grata,
Tiende el velo de plata
Por la llanura inmóvil y sombría,
Que ya él soberbio sol en su agonía
Hunde en el mar la frente de escarlata.
I Qué murmullo tan suave
Se oye en el bosque y en el verde soto I
Aquí levanta el ave
La querellosa voz, allá remoto
Resuena por el valle entristecido
El lánguido balar de las ovejas,
Y el viento conmovido
Llora en las ramas sus dolientes quejas.
130 POETISAS AMERICANAS
I Ay ! i cómo los sentidos adormece
Y llena el corazón de dulce encanto
Este vago rumor ! Allí do crece
El silencioso pino
Suspende el ruiseñor lloroso canto,
Hasta que llega de la noche en tanto
La sombra misteriosa,
Y tiende el ala suave y sigilosa
Hacia el bosque vecino
Donde se pierden ruiseñor y trino.
Y allá distante, de la mar en calma
Escucho el tenue murmurar ; las olas
Cuando se arrastran en la parda arena
Exhalan un suspiro lastimero
Como lo exhala el alma
Que está abatida por doliente pena,
Ó cual de un arpa que en la noche suena
Acento gemidor y plañidero.
Yo amo el tranquilo son de la floresta,
Y en apartada selva
La voz de la calandria quejumbrosa,
El blando susurrar de palma enhiesta
Que finge melancólica plegaria,
Y el arrullo que tórtola medrosa
Entona enamorada y solitaria.
¡ Cuántas veces tus célicos rumores
Buscó el amante Young en sus querellas !
Y de tus tibias flores
El perfume aspiró ; de tus estrellas
Amó la luz benigna y azulada ;
El ebúrneo laúd pulsó á tu sombra
Que un eco eterno de dolos encierra,
Y el gemido de su alma desgarrada
Por largos años asombró á la tierra.
¡ Cuántas veces tu lumbre macilenta
Á más de un triste corazón consuela,
Tarde doliente, de la noche hermana !
Porque tu brisa, que amorosa vuela,
La densa bruma del pesar ahuyenta,
Como ahuyenta á la sombra la mañana ;
Y la nube liviana,
Y el agua que serpea,
Y tu dormido rayo que flamea
En monte y en collado,
Alivian el espíritu cansado,
Y todo, ¡ oh tarde ! al corazón recrea.