Es la mujer prisión en que nacemos
y a que desde el nacer nos condenamos;
unos por penitencia la buscamos:
otros por galardón la merecemos.
Abismo en que los débiles caemos,
puerto donde los justos nos salvamos,
Ídolo que de tierra fabricamos
y pronto en oro convertir queremos.
Ella del cielo del amor es luna,
inspira las letrillas y las odas,
sirve al capricho y manda en la fortuna.
¿Por fin a ser del gremio te acomodas?
Piénsalo bien; decídete por una...
¡Verás cómo después te gustan todas!