Feliz yo que tendido boca arriba,
sin amo, sin mujer, sin nada de eso,
ni me duelo de Job, ni envidio a Creso,
ni me importa que el diablo muera o viva.
Indiferente a lo que el docto escriba,
en holganza constante me esperezo,
y después de roncar, canto el bostezo,
y después de cantar, Morfeo me priva.
Aquella maldición que Adán nos trajo
de que al hombre le sude hasta su lomo;
para comer un poco de tasajo,
por una chanza del Señor la tomo;
pues si yo he de comer de mi trabajo,
entonces, ¡la verdad!... mejor no como.