Seis años ha que arrastro mi cadena,
siempre a esta vida inútil amarrado;
grande ha de ser por fuerza mi pecado
cuando es tan dura y tan tenaz mi pena.
De congoja y terror el alma llena,
vivo en densa tiniebla sepultado,
comprendiendo lo grave de mi estado,
pero no la razón de mi condena.
Considera que es triste, sí, muy triste
vivir sufriendo un día y otro día
bajo esta horrenda carga que me diste.
Apiádate, Señor, la angustia mía;
que tú en la cruz seis horas estuviste,
y yo llevo seis años de agonía.