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Ovidio · Antigüedad clásica

Amores — Libro 1, Elegía Novena

español

Todo amante es soldado, y Cupido tiene su campo: sí, Atico, créeme, todo amante es soldado.
La edad que conviene para la guerra es la propia para Vénus. ¡Malhaya un soldado viejo! ¡Malhaya un amante anciano! La edad que quiere un general en un bravo soldado, es la que pide una jóven beldad en el poseedor de sus encantos. Uno y otro vigilan; ambos duermen en tierra; ambos hacen centinela: el uno á la puerta de casa su querida, el otro en la de su general.
¡Cuánto camino tiene que hacer el soldado! El amante, cuando su querida está desterrada, la seguirá intrépido hasta el fin del mundo. Atravesará las montañas más altas y los rios más engruesados por las tempestades; cruzará las amontonadas nieves. ¿Conviene pasar los mares? No pretestará los vientos desencadenados; no buscará el tiempo propicio para la navegacion. ¿Qué otro que un soldado ó un amante despreciará la frescura de las noches y los torrentes de lluvia mezclados de nieve? El uno es enviado delante del enemigo como explorador; el otro tiene los ojos fijos en su rival, como en un enemigo. Aquel sitia las ciudades amenazadoras, este la casa de su inflexible dama: más ó menos grandes, ambos baten las puertas para irse á fondo.
Se fué frecuentemente vencedor, por haber podido sorprender á un enemigo sumerjido en el sueño, y matar, espada en mano, á un ejército sin defensa. Así fueron degollados los bravos batallones del tracio Reso, quien se vió robar sus famosísimos caballos. Tambien con frecuencia los amantes saben aprovecharse del sueño de los maridos, y volver sus armas contra el enemigo. El cuidado de escapar á la vigilancia de los guardas y de los centinelas tiene siempre en suspenso al soldado y al amante.
Marte es dudoso y Vénus nada tiene de asegurada: los vencidos se reaniman, y los que os parecen no poder ser derrotados, caen á su vez. Que se deje, pues, de llamar al amor la desidia: es menester un alma á toda prueba para amar.
Aquiles arde por Brisada, arrebatada á su amor: mientras que su dolor os lo permita, Troyanos, quebrantad las fuerzas de la Grecia. De los abrazos de Andrómaca, Héctor corria á las armas: su esposa le cubria la cabeza con su casco. El primero de los jefes de la Grecia, el hijo de Atrea, á la vista de la hija de Priamo con los cabellos esparcidos á la manera de las bacantes, quedó, se dice, suspenso de admiracion. Pero él mismo fué preso en el lazo que habia forjado Vulcano: ninguna historia hizo tanto ruido en el cielo. Yo mismo estaba sosegado y nacido para no hacer nada: el lecho y el descanso habian ablandado mi alma. El cuidado de una jóven belleza puso término á mi apatía: ella me mandó hacer mis primeras armas á su servicio. Desde entonces, me veiais ágil y siempre ocupado en alguna expedicion nocturna. ¿Quereis no ser cobardes? Amad.

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The Ninth Elegy of Ovid's Amours translated: To Love John Wilmot, Earl of Rochester — otra lengua (inglés); otra época (Barroco)

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Autor
Ovidio (-43–17) · Wikidata Q7198
Título
Amores — Libro 1, Elegía Novena
Lengua
español
Época
Antigüedad clásica
Sala
Erótica
Identificador
amores-libro-1-elegia-novena--ovidio
Cita recomendada
Ovidio, «Amores — Libro 1, Elegía Novena», Poetósfera, poetosfera.com/p/amores-libro-1-elegia-novena--ovidio.html

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